El músico francés Maurice Emmanuel (1862-1938) compuso su tragedia lírica Salamina sobre el poema de Théodore Reinach, representada en París en 1929. Son de bellísimo efecto los trozos recitados del corifeo y del mensajero en todos los lugares que debieron pertenecer a la «parakatologhé» del teatro helénico auténtico. La música entra en ellos como elemento sus- citador ético y patético; crea el ambiente, sigue y subraya la ansiedad de todo el pueblo que espera la noticia de una victoria, y se abate ante la de la irreparable derrota en las aguas de Salamina.
En el segundo acto está el cortejo de la reina madre Atosa, que se dirige a ofrecer dones a los manes del rey Darío, y la aparición de la Sombra que surge para deplorar la locura megalómana de Jerjes. En el tercer acto es protagonista el pueblo entero de los persas, pero cada miembro de su colectividad tiene su propio sentimiento: la humillación del déspota, la reprobación de los ancianos y de las viudas, el odio desesperado de las madres son otras tantas voces entre las muchas anónimas, y componen una imponente sinfonía dramática toda rebosante de helénica majestad.
E. M. Dufflocq

