La batalla de Salamina dio origen a otra obra, Los Persas, composición en verso de Timoteo de Mileto (siglos V-IV a. de C.), destinada a ser cantada, probablemente al unísono, por un coro lírico con acompañamiento de cítara. Esta poesía fue descubierta, en 1902, en el más antiguo de los papiros egipcios hasta ahora conocidos (aproximadamente de 350 a. de C.).
Se pueden leer en ella cerca de 250 versos, en los cuales el poeta evoca la batalla de Salamina en un estilo solemne, en que se busca fatigosamente la grandiosidad con toda clase de extravagancias estilísticas, sustituyendo los vocablos propios por las más extrañas metáforas, acumulando epítetos, acuñando nuevas composiciones de palabras. De la batalla no ve el poeta el significado histórico o ideal, sino solamente la escena tumultuosa y pintoresca, e intenta reproducir de modo realista su efecto con el ritmo desvinculado de todo esquema clásico y con una música de carácter imitativo, que los antiguos testimonios afirman que estaba llena de atrevidas innovaciones.
Y precisamente es la pérdida de su parte musical lo que no nos permite emitir un juicio completamente fundado acerca de esta obra curiosa, la cual por la sola lectura parece insoportablemente barroca. Gozó de gran popularidad en el mundo antiguo y siguió siendo representada durante mucho tiempo, en especial porque se prestaba a los virtuosismos de sus ejecutantes. En cambio, la crítica oficial, en la antigüedad no menos que hoy, censura severamente su hinchazón y su oscuridad de estilo, y acusa a Timoteo de haber contribuido a la corrupción de la música que se manifestó en Atenas entre el final del siglo V y el principio del IV (a. de C.).
Se afirmó entonces, en efecto, una tendencia, conocida literariamente con la designación de «nuevo ditirambo», que operó una revolución en la poesía lírica y dramática, sustituyendo las formas cerradas y severas de la música tradicional por una audaz libertad de ritmos y de armonías. Poco podemos juzgar de una materia tan escasamente conocida. Pero lo que sí puede ser demostrado por testimonios antiguos es que no se trataba únicamente de extravagancias y decadencias; según esos testimonios, Eurípides, cuya modernidad poética y musical influyó decididamente en la literatura posterior, apreció y defendió el arte de Timoteo.
E. Brambilla

