[Primordio, coenobii Gandershemensis]. Poema histórico en 594 hexámetros, obra de Rosvita (Hrótsvit, 935 apr. – 973 apr.), monja del convento de Gandersheim, que vivió durante el renacimiento otoniano.
El poemita, compuesto bajo el reinado de Otón II, se propone ser el humilde homenaje de devoción y gratitud de una religiosa hacia su cenobio, gozosamente exaltado en sus primeros orígenes, tan santificados e ilustrados por los prodigios de la gracia del Señor.
Sus bienhechores, remotos y próximos, poseen todos su aureola de gloria en la «modesta musa» de la poetisa, junto a las figuras más nobles de aquellos sagrados comienzos; unos y otros tanto más comprendidos en el común elogio cuanto que eran miembros de una sola estirpe.
El recuerdo del pasado se convierte tal vez en celebración épica del presente, y Liudolfo, fundador del monasterio, revive como cabeza de la estirpe de la nueva dinastía de los Otones. Pero el panegírico de la familia no turba nunca la cándida exaltación de la virtud monástica, de manera que esta obrita, aun pareciendo debida (como Las gestas de Otón) a las solicitaciones de la culta Gerberga, sobrina de Otón I, maestra de Rosvita y abadesa de Gandersheim, mantiene siempre una naturalidad sincera y límpida de exposición, muy de acuerdo con el tema.
La narración de los hechos termina con la muerte de Cristina (919), última abadesa de la casa de Liudolfo. Esta poesía debió de gozar de muy poca fortuna durante la Edad Media si, como parece, ya en el siglo IX era ignorada en el mismo monasterio de Gandersheim.
En realidad, a pesar de sus méritos, que acabamos de apuntar, su valor resulta ciertamente más histórico que literario.
G. Billanovich

