Orígenes de la Novela, Marcelino Menéndez Pelayo

Obra del crítico y erudito español Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), que quedó incom­pleta por su temprana muerte.

Consta de un estudio historicocrítico sobre las obras hispánicas anteriores a Cervantes que con­tienen elementos novelescos, y la edición de los textos castellanos desde La cárcel de amor, de Diego de San Pedro, hasta el Viaje entretenido, de Agustín de Rojas.

Se publicó por primera vez en la «Nueva Biblioteca de Autores Españoles» (vols. I, VII y XIV), entre 1905 y 1910. Nuestro autor dejó pre­parado, al morir, el último volumen de textos, que fue incluido en el tomo XXI de la misma colección con un estudio preli­minar de Adolfo Bonilla San Martín.

En 1943 se reunieron los estudios críticos formando una obra sistemática, dentro de la edición de Obras Completas que publica el «Consejo Superior de Investigaciones Cien­tíficas», junto con su tesis doctoral sobre La novela entre los latinos, El prospecto de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles y una serie de adiciones y rectificaciones del propio autor.

El estudio que efectúa Menéndez Pelayo abarca por un igual las di­ferentes literaturas peninsulares. Se inicia con unas breves consideraciones sobre la novela en la antigüedad clásica; estudia, después, el apólogo y el cuento oriental; la influencia de las formas de la novelística oriental en las literaturas hispánicas me­dievales (Llull, Juan Manuel, Turmeda, Ar­cipreste de Talavera); la literatura caballe­resca, desde sus orígenes peninsulares hasta las grandes novelas del siglo XV (Tirant lo Blanch, Curial e Güelfa, Amadís, etc.); la irrupción de la novela sentimental (Rodrí­guez del Padrón, Diego de San Pedro, etc.); la novela histórica; la novela pastoril (Ribeiro, Montemayor, Gil Polo, etc.); los cuentos y novelas cortas, y finalmente, en un ceñido y extenso análisis, La Celestina y sus imitaciones, quizás la parte más pe­renne de toda la obra.

Si la vertiente es­trictamente erudita de estos estudios ha sido superada en muchos aspectos, las ilu­minaciones críticas que contiene son toda­vía válidas en su casi totalidad. Su prosa científica, de altos valores retóricos, es de una elegante plenitud expresiva, con repe­tidas y a menudo oportunas incursiones hacia ciertas sonoridades oratorias muy pro­pias del siglo XIX.