La Ciudad Indiana, Juan Agustín García

En esta obra, Juan Agustín García (1862-1923), historiador, sociólogo y jurisconsulto argentino, se propuso estudiar con exactitud las fuerzas so­ciales que, formadas desde los orígenes de la vida civil en el Río de la Plata, es decir, en las primitivas ciudades coloniales — cuya influencia preponderante se extendería lue­go a todos los ámbitos del país — han con­formado los caracteres del pueblo argentino y originado los peculiares problemas de su cultura y su progreso. En la concepción y desarrollo de este trabajo de erudición y reconstrucción histórica, siguió las huellas de Taine en El Antiguo Régimen y, sobre todo, de Fustel de Coulanges en La ciudad antigua. También de Le Play, en cuanto a los métodos sociológicos. Pero respecto al fondo de la obra, se apoyó principalmente, como es natural, en precursores argentinos: Echeverría, Alberdi, Mitre, López y Estrada. De este último son las palabras que García puso al frente de su libro, y que expresan el pensamiento fundamental que lo inspira: «Si conociésemos a fondo todos los fenóme­nos de la sociedad colonial, habríamos re­suelto las tres cuartas partes de los pro­blemas que nos agobian.» Luego, al relacio­nar el pasado con el presente, decía: «el país acepta gustoso la moneda fiduciaria porque siempre ha vivido bajo ese régimen; su poder ejecutivo es fuerte y poderoso por­que desde su primer gobernador, a fines del siglo XVI, todos tuvieron mano dura».

Estos conceptos dan idea del contenido y la tónica de la obra. Así creyó su autor poder se­ñalar como sentimientos colectivos básicos, propios de la población primigenia de Bue­nos Aires y de los otros centros coloniales, «el culto del coraje», que daría óptimos re­sultados en la guerra de independencia y antes, durante las invasiones inglesas, pero muy malo en el caudillaje y el matrerismo posteriores; «la falta de respeto a la auto­ridad» (de respeto espontáneo y consciente) lo que concluyó por hacer necesaria la ti­ranía y «la idea de la grandeza futura de la patria» que si bien pudo ser en ocasiones estímulo para el esfuerzo y el adelanto, en­gendró también un excesivo y despreocupa­do optimismo, causa de la imprevisión eco­nómica y financiera que a veces puso al país al borde de la bancarrota. Tal vez quepa ob­servar cierta exageración y rigidez en las tesis que este libro sostiene, pero no obs­tante significa un valioso y útil estudio so­bre los rasgos esenciales de la sociedad co­lonial del Río de la Plata y aun de Hispano­américa. La Ciudad Indiana es por ello una obra clásica dentro de la literatura «de ideas» producida en la Argentina y ha sido siempre muy estimada por la crítica local y también por la extranjera. Entre los jui­cios de esta última, cabe recordar el del maestro español Rafael Altamira, quien, ha­biendo conocido esta obra por su compa­triota Eduardo Hiño josa, el gran historiador de la ciencia jurídica española — que había presentado a la Academia de la Historia un informe laudatorio de La Ciudad Indiana — hizo elogios de ella y de la manera de his­toriar de su autor. En éste se advierte una singular cultura humanística y en cuanto a su forma literaria tiene algo de la serenidad y la suave ironía de Renán que fue uno de sus maestros predilectos.

A. Melián Lafinur