El Vizconde de Bragelonne, Alexandre Dumas padre

[Le vicomte de Bragelonne]. Novela histórica de Alexandre Dumas padre (1803-1870), pu­blicada en 1850, última de la célebre trilo­gía en la que va precedida por Los tres mosqueteros (v.) y Veinte años después (v.). A la época de Richelieu y la de Mazzarino, descritas en las dos novelas anteriores, su­ceden los primeros años del reinado del Rey Sol, que se nos aparecen con todo el esplendor del barroco.

El protagonista es todavía D’Artagnan (v.), que se presenta en su madurez completa y conclusiva. En la primera parte de la narración lo vemos llevar a cabo un rasgo desconcertante; abandona la vieja casaca de mosquetero e intenta una aventura personal: la restau­ración de los Estuardo en Inglaterra, cap­turando al general Monk e instigándole a permitir la subida al trono de Carlos II bajo los auspicios de Francia. Es éste el comienzo de su gran ascenso: desde aquel momento estará siempre y en toda coyun­tura al lado de Luis XIV, figura de sólido equilibrio en la compleja trama de intereses y pasiones que se agitan en su corte. La novela prosigue como una amplia crónica del Siglo de Oro francés: los amores del rey, la caída de Fouquet, la elevación de Colbert y, en fin, nuevo y audaz artificio, la tentativa de Aramis (v.), elevado a general de los Jesuítas, de sustituir a Luis XIV por su hermano gemelo, muy parecido a él, «el hombre de la máscara de hierro», que, por razón de Estado, vive encarcelado. Será aún D’Artagnan el que salvará la situación cuan­do ya el golpe había triunfado.

La aventura de Raúl (Raoul) de Bragelonne, hijo de Athos (v.), se desenvuelve delicadamente dentro de estas escenas de epopeya. Educado junto a la señorita de la Valliére, Raúl ha ali­mentado por ella, desde niño, un amor pro­fundo; cuando ésta se convierte en amante del rey, el joven se hace matar en la guerra, y el viejo Athos, que sólo vivía para él, no tarda en acompañarle a la tumba. Porthos (v.), al que encontramos aquí, lo mismo que en Veinte años después, como compa­ñero inseparable de D’Artagnan, le presta todavía la fraternal ayuda de su extraor­dinaria resistencia física después de alguna incertidumbre a favor del partido de Aramis, y muere también en batalla, aplastado por dos trozos de piedra lanzados por una explosión. D’Artagnan, que ha alcanzado el grado de mariscal de Francia, es muerto por un tiro de cañón. Solamente Aramis sobrevive. Como vasto fresco histórico, El vizconde de Bragelonne es quizás la más importante de las tres novelas, sobre todo por la fuerza evocativa de su clima.

Las tintas frescas y vigorosas de Los tres mos­queteros se hacen más densas, el juego de los caracteres no tiene ya aquella juvenil nerviosidad de contrastes, pero se ha hecho más profundo; el autor se ha colocado ahora de parte de sus personajes más serios y maduros y ve desenvolverse los hechos con la seriedad de sus puntos de vista, así como, en los Mosqueteros, parecía considerarlo todo a través de la despreocupada juventud de sus cuatro héroes. Por esto los jóvenes, que, no obstante, no faltan (el sensible y colérico hermano del rey, el apasionado duque de Guisa, el fogoso De Wardes y el frívolo D’Agnan), quedan reducidos a figu­ras de segundo orden, aunque perfecta­mente definidas en lo externo, y el propio Raúl no deberá representar más que un motivo lírico del que recibe nueva luz la noble figura de Athos. [Hay numerosas tra­ducciones, casi todas ellas anónimas, a par­tir de la de Madrid, 1861].

U. Déttore