Sonatas para violín y piano, de Mozart

Son unas de las obras más importantes y ricas en belleza de la producción de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791); son 35 o bien 18, según queramos, o no, considerar como Sonatas para violín las juveniles, me­jor dicho, infantiles Sonatas para clavicor­dio con acompañamiento facultativo de vio­lín. En el caso que lleguemos hasta los primeros ensayos de composición de Mozart niño (Sonata en «do mayor», K. V. 6, .1763), nos enfrentaremos con difíciles cuestiones de cronología. Por ejemplo, el importante grupo de las seis Sonatas (K. V. 55-60) que Kochel asignó a 1768, fue interpretado como uno de los más admirables frutos del con­nubio, que tuvo lugar durante el viaje a Italia de 1772-73, entre la pequeña crisis de romanticismo juvenil y la tradición vio­linista italiana (Corelli, Tartini, Veracini, etc.). Sin embargo, solamente con las So­natas compuestas en Mannheim en 1778 (K. V. 296, 301, 303, 305) el violín obtiene paridad de trato con el piano; se distingue de un modo especial la Sonata en «la ma­yor» (K. V. 305), que representa la des­preocupada alegría de la juventud. Otras dos Sonatas fueron compuestas en el mismo año en París, bajo la influencia del gusto francés, propenso a la precisa caracteriza­ción expresiva, casi teatral: la Sonata en «mi menor» (K. V. 304), bellísima y dra­mática, en sólo dos tiempos de insólita concisión, y la Sonata en «re mayor» (K. V. 306), más elegante y briosa. El grupo de las seis Sonatas (K. V. 301-306) lo publicó Mozart en París, mientras las dos Sonatas (K. V. 296 y 378), esta última compuesta en Salzburgo en 1779, formarán parte, junto con las cuatro Sonatas vienesas de 1781 (K. V. 376-380), de la bella colección pu­blicada por Artaria en Viena en 1781. Fi­guran éstas entre las más bellas Sonatas del repertorio, melódicamente plásticas, ex­presivas y vibrantes de la alegría por la libertad recién conquistada de Mozart. Muy ejecutada es la Sonata en «si bemol» (K. V. 378), de exquisita gracia juvenil, mientras la Sonata en «fa mayor» (K. V. 377) es ardiente, exaltada, y casi alborotada.

En la Sonata en «sol mayor» (K. V. 379) se aprecia especialmente el febril y agitado «Allegro» en «menor». Inacabadas, las So­natas en «la» o «do mayor» (K. V. 402 y 403) forman parte del acercamiento al gusto arcaico de los grandes maestros de Alema­nia del Norte, que se verificó en Mozart en 1782. La segunda está dedicada a su esposa y se inspira especialmente en el estilo de C. Ph. E. Bach, mientras la pri­mera es una especie de «Preludio y fuga», en el género rigurosamente contrapuntista de J. S. Bach; ambas las completó el abate Stadler. La Sonata en «si bemol» (K. V. 454), ágil y moderna en las modulaciones tonales, y provista de un bello «Andante» cálido y afectuoso, la escribió el 21 de abril de 1784 para la violinista de Mantua Regna Strinasacchi; en la prisa por el con­cierto inminente, Mozart escribió solamente la parte del violín y ejecutó la del piano de memoria. Una pequeña obra maestra de lirismo mozartiano es la Sonata en «mi be­mol» (K. V. 481, 1785), a la que siguen la conocida Sonata en «la mayor» (K. V. 526, 1787), que hay que colocar entre las más apasionadas, románticas y dolientes obras de Mozart, y la Sonata en «fa mayor» (K. V. 547, 1788).

M. Mila

Hay en ellas un ardor, una fantasía, una expresión ora apasionada, ora desesperada, que las convierten en páginas únicas en la obra de Mozart. Pienso, por ejemplo, en el «Adagio» conmovedor de la Sonata en «fa» o en el admirable llanto que brota de la Sonata en «mi menor». (Combarieu)

Mozart es una figura de primer plano en­tre los músicos que trataron esta forma mu­sical… Su mérito principal estriba en haber trazado, por decirlo así, con decisión y claridad la línea estructural de la sonata. Fue él, podemos decir, el arquitecto que completó el edificio que tanto tiempo había necesitado para ser construido. (Niecks)