De Esclavo a Profesor, Washington Booker Talglaferro

[Up from Slavery]. Autobiografía del negro Washington Booker Talglaferro (1859-1915), publi­cada en 1901. Nacido de padres esclavos en una plantación de Virginia, en Franklin; liberado al final de la Guerra de Secesión, en 1863, Washington Booker trabajó como obrero manual en unas salinas y en una mina de carbón. Se colocó luego como criado en una familia que le animó a fre­cuentar la escuela elemental por la noche, hasta que en 1872, recorrió más de quinien­tas millas, parte de ellas a pie, parte re­cogido por caridad en carros que hacían el recorrido, para llegar al «Instituto Nor­mal de Orientación Agrícola», de Hampton, en Virginia, en el que permaneció por espacio de tres años en calidad de bedel para ganarse la subsistencia, el alojamiento y la posibilidad de estudiar. Obtuvo el tí­tulo en 1875. Su primera victoria fue el nombramiento como maestro, en 1879, en el propio Instituto, con el encargo de orga­nizar un curso especial para setenta y cinco alumnos de color (pieles rojas o negros).

En 1881 obtuvo el encargo oficial de crear una escuela normal para negros; surgió así, en una cabaña de madera con una capilla aneja, lo que hoy es el «Tuskegee Institute», que comprende más de cuarenta edificios (casi todos construidos por los pro­pios estudiantes), principal centro ameri­cano de enseñanza profesional y técnica para gente de color. En 1896, la Univer­sidad de Harvard y en 1901 la de Cleve­land, confirieron al ex esclavo el nombra­miento de doctor «honoris causa». Éste es esquemáticamente el contenido del libro, que, escrito en estilo sobrio y fuerte, en el que se percibe el eco de las amarguras y de los sufrimientos padecidos, contribuyó no poco a que el gran público notase algu­nos aspectos, ignorados por la mayoría, de la lucha de razas en el extenso territorio de los Estados Unidos, en el que los negros ascienden a muchos millones. Ocupa la obra un puesto diferenciado en la historia de las letras americanas, no tanto por su valor intrínseco como, sobre todo, por ser el primer indicio de lo que hoy es una par­te no despreciable de la producción lite­raria en aquel país: la literatura negra.

L. Krasnik