Defensa contra la Acusación de Ateísmo, Johann Gottlieb Fichte

[Verantwortungsschriften gegen die Ankiage Atheisme]. Obra polémica de Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), publi­cada en 1799. Forma parte y es el epílogo de la polémica aparecida en el mismo año y suscitada por el escrito de Fichte Crítica de toda revelación (1793), que le trajo como resultado la censura, seguida de su cese como profesor de la Universidad de Jena. Dios es para Fichte el orden moral del mundo, al que se eleva la conciencia mediante la noción del deber. Esforzándose por realizar el deber, el yo tiende, desde este mundo que es su obra, a un mundo distinto, el mundo del orden moral: «ordo ordinans non ordinatus». La fe en este or­den: eso es la religión. Algunos gritan con­tra el ateísmo, porque en él, lo divino susti­tuye al Dios del dogmatismo. Pero acercándose a Dios, participando de la vida divina, no tenemos necesidad de concebir a Dios, sustancia independiente de la idea de este orden moral del mundo, en el que el sumo bien no se realiza con la felicidad, sino con la verdad.

Quienes sienten la tendencia y la necesidad de imaginar a Dios como un ente aparte, como causa de este orden, no se dan cuenta de que no es posible atri­buir a Dios inteligencia y personalidad, sin convertirle en un ente finito semejante a nosotros mismos; concebirlo como sustancia aparte, es una superstición que contradice a la idea misma de Dios, porque una sus­tancia significa un ser dotado de sensibilidad, existente por tanto en el espacio y en el tiempo; no podemos, pues, atribuirle existencia, porque ésta conviene sólo a un ser dotado de sensibilidad; nada razonable se ha dicho todavía sobre la manera cómo ha podido ser el hombre creado por Dios; en fin, la expectativa de la felicidad es una quimera, que no puede venir de nin­gún Dios, sino sólo de un ídolo vano. Apar­te de la moralidad, no queda en nosotros más que el ser sensible, que sólo piensa en gozar. Como la materia es la fuente de goces, el dogmatismo supone el eudemo­nismo, que a su vez, se contenta con el materialismo y acaba por desembocar en el ateísmo. De esta manera Fichte rebatía contra sus acusadores, la denuncia de ateís­mo. Pero en el período siguiente, Fichte acentuará la independencia de la esfera religiosa respecto a la moral, e incluso su supremacía.

G. Pioli