Matteo Villani (12959-1363), hermano de Giovanni, requerido por sus amigos, comenzó .una crónica que era la continuación de la que dejó sin acabar su hermano. Parecía que, por los méritos de Giovanni, la historia de Florencia había venido a ser el oficio propio de toda la familia. «En la mortalidad (la peste de 1348), habiendo entregado su alma a Dios el autor de la crónica…, Giovanni Villani, ciudadano de Florencia, al que por razones de sangre y de dedicación estuve unido estrechamente… se propuso mi ánimo» proseguir la obra.
La llevó adelante en doce libros, extendiéndose en la narración de 1348 a 1363, cuando, el 2 de junio de aquel año, la peste le quitó también la pluma de la mano. Por su extensión y por su amplitud de intereses, es superior la obra de Matteo a la de Giovanni, al paso que ésta la supera por un sentido más vigoroso de la historia. La narración comienza con la conquista de Bolonia por Giovanni Visconti y con la guerra que siguió por la primacía en la Italia central, contra Florencia, hasta la paz de Sarzana (1353) y queda truncada durante la narración de los acontecimientos de la guerra de Pisa. Antonio Pucci puso más tarde en verso esta última parte. Aunque la crítica reciente acusa a Matteo de errores y alteraciones cronológicas, su Crónica queda como una fuente preciosa que sirve de puente entre la de Giovanni y la de Marchionne di Coppo Bonaiuti y la del anónimo Meinerbetti, como un anillo de esa ininterrumpida cadena de grandes crónicas que son gloria de la Florencia del Trecento. Matteo encomendó, al morir, a su hijo Filippo (1343-1405) el completar la narración de la guerra de Pisa, hasta la paz.
De este modo, por obra del hijo, se añadieron a la Crónica 42 capítulos, en los que leemos un sereno juicio sobre los autores que le precedieron: «Mi tío Giovanni y mi padre Matteo se esforzaron en escribir en lengua vulgar las cosas que habían ocurrido y eran dignas de memoria. Hicieron ciertamente una cosa no muy bella, pero tal, que los hechos dignos no perecieron, sino que se reservaron para los que describen con mayor ingenió y con más limpidez la materia propuesta; por ello son dignos de ser alabados y recordados; porque en cuanto estuvo de su parte impidieron que la memoria de los siglos pasados perezca, manteniéndola con su prosa.» En ello radica todavía hoy el mayor mérito de estos tres principales cronistas florentinos.
G. Franceschini

