Crónica de Hernando del Pulgar (14369-1493?), publicada primero en 1545 en Granada con el nombre de Antonio de Nebrija que la tradujo en latín por encargo de Isabel de Castilla, y después en texto español, en Valladolid, en 1565. La crónica, incompleta, está dividida en tres partes y comprende desde el 1468 al 1490. Comienza con el nombramiento de Isabel como heredera del trono de su hermano Enrique IV de Castilla después de la muerte de su hermano menor Alfonso. Narra después el matrimonio de la princesa con Fernando de Aragón (1469). El rey y parte de la nobleza desaprueban el matrimonio, y en lugar de Isabel se declara heredera a Juana la Beltraneja, hija natural de la reina (1471). A favor de Isabel se declaran numerosas ciudades, y Enrique se ve obligado a hacer la paz con su hermana y a reconocer sus derechos. En 1474 muere el rey, e Isabel es elevada al trono de Castilla. Pero Juana renueva sus pretensiones al trono, sostenida por Alfonso V de Portugal (1475).
Sin embargo, Isabel, con su fuerte voluntad, sale victoriosa de la lucha (1479), liga la nobleza a la monarquía, e inicia la guerra contra los moros de Granada, que cae el 1492, el mismo año en que Colón abre a España la vía de Occidente. La crónica, que termina antes de la conquista de Granada, tiene gran valor histórico — al menos en el último período — porque el autor, especialmente por el favor que gozaba en la Corte (en el 1474-1475 fue embajador en Francia), fue testigo de los acontecimientos. Su estilo, además del gran relieve artístico (se le atribuyen también las Coplas de Mingo Revulgo, v.), posee singular ductilidad para poner de relieve el lado plástico de las cosas. Su atención se concentra preferentemente sobre la personalidad moral e intelectual de los personajes; y la figura de Isabel la Católica sale de la crónica viva y potente en su majestad de reina y en su sabiduría de gobernante. Este individualismo historicista encontró aplicación más directa en otra mayor obra de Pulgar: Libro de los claros varones de Castilla (v.). La Crónica de los Reyes Católicos fue continuada por Alfonso de Santa Cruz, que narró los acontecimientos hasta la muerte de don Fernando, ocurrida en 1516.
C. Capasso

