Apareció este poema épico de Juan de la Cueva de Garoza (1543-1610), poeta sevillano, en Sevilla el año 1603. El subtítulo que lleva en la portada da buena idea del tema o asunto: «en que se canta la restauración y libertad de Sevilla, por el Santo Rey Don Fernando». Consta de veinticuatro cantos en octavas reales, y el relato sigue la pauta de la Crónica General. Su modelo es el Tasso, en su Jerusalén (v.). El seguir con puntualidad su fuente hace lenta la narración, sin que haya sabido animar ni la gran figura del Rey Santo, que aparece en primera línea. Esta falta no está compensada con la amenidad o interés de los episodios que incluye, generalmente poco felices. El más recomendable es el de Botalhá y Tarfira, en la que quiso hacer una imitación de la Clorinda (v.) del poema italiano, pero la Tarfira de Juan de la Cueva está muy distante de la admirable gallardía de su modelo. Los casos y aventuras de este episodio están entrelazados con la acción general del poema, y en él se encuentran las mejores octavas. Ni la vivacidad de su fantasía ni la elocuencia de su estilo eran apropiadas para emprender una obra en la que imaginación y pasiones habían de entrar como partes muy principales. Se aventaja en la parte meramente narrativa, pero ni aun ésta se ve libre de defectos, afeada por trivialidades y prosaísmos. Aunque defectuoso, el ensayo era digno de un ingenio ambicioso, y si no la fortuna bien puede decirse que tuvo Juan de la Cueva la osadía de una noble empresa.
J. M.a de Cossío

