Comentarios de su Propia Vida, Eneas Silvio Piccolomini

[Commentarii rerum. memorabilium]. Cons­tituyen una notable autobiografía de Eneas Silvio Piccolomini (Pío II, 1405-1464), en doce libros, que llegan hasta fines de 1463. El primer libro contiene en forma muy con­cisa los sucesos anteriores al pontificado, cu­yos hechos forman el objeto de los once libros restantes. La obra, confiada por el autor a la revisión de Giannantonio Cam­pano, no fue por éste tocada, por lo menos de modo sensible. En cambio, la mutiló su editor, el arzobispo de Siena Francesco Bandini Piccolomini, quien al publicarla por vez primera, en Roma, en 1584, la cercenó y la recompuso (algunas de las partes elimina­das fueron publicadas por G. Cugnoni en «Atti della R. Accademia Lincei», serie 3, VII, 1883, p. 495 ss., y por G. B. Picotti, en «Miscell. di studi storici in onore di E. Sforza», Lucca, 1915, p. 93 ss.; pero luego se ha preparado una edición completa a cargo de G. Bernetti). Dar un resumen de la obra de Piccolomini es imposible. El título Com­mentarii es una manifiesta imitación clásica; el sentido de la realidad, el modo de en­tender la vida y de observar el mundo es típicamente moderno. En un estilo fluido, Piccolomini se nos presenta en toda su hu­manidad terrena, en sus intereses mundanos. El cónclave del que salió vencedor es la palestra que puso a prueba su habilidad; el mundo, la naturaleza y los hombres son estudiados y presentados no por calificacio­nes remotas o trascendentes, sino por su va­lor intrínseco. Sus dotes de observador y de historiador resplandecen cuando describe a Cósimo de Médici, su opulencia y sus cons­trucciones; cuando presenta a Francesco Sforza y a Segismundo Malatesta, a Guarino, a Poggio y a Aurispa. Cuando pinta Tívoli, Subiaco, Viterbo, las bellezas de la natura­leza, las fiestas y reuniones de los hombres, su sentimiento se exalta hasta la emoción lírica. Amor a la belleza, finura de obser­vación, un nuevo sentido de la humanidad y la naturaleza llenan las páginas de Picco­lomini. La atención del hombre nuevo se inclina hacia sí mismo y hacia el mundo con Una objetividad verdaderamente mo­derna.

E. Garin