Canto de Annón

[Annolied]. Poema histórico-encomiástico en alemán antiguo, compuesto entre 1077 y 1081 por un eclesiástico, quizás bávaro, del convento de Siegburg, en la Renania, para honrar la memoria de Annón II arzobispo de Colonia desde 1056 hasta 1075. El poema empieza por el origen del mundo, habla después del pecado original, la redención, la difusión de la palabra de Jesucristo en el mundo, por medio de los apóstoles y de los santos, y finalmente acaba hablando de Annón. Pero, llegado a eso, se separa del tema para narrar los orígenes de Colonia, la venida de los héroes troyanos a la tierra de los francos, las guerras sostenidas por Cé­sar contra Pompeyo con la ayuda de los germanos, después las de Augusto y por fin la venida y la redención de Jesucristo. En este punto enlaza con el tema princi­pal de la vida de Annón, arzobispo de Co­lonia, celebrando su carácter, sus obras piadosas, su expulsión de Colonia y su per­dón a la ingrata ciudad, su muerte glo­riosa y sus milagros. El tono de toda la narración es vigoroso y le sostienen siem­pre un gran amor a la patria y una inque­brantable fe en la providencia divina que envía a la alemania lacerada por luchas internas hombres fuertes y justos que la salven en los momentos oportunos. El poe­ta tiene acentos de profundo dolor al narrar las luchas entre Enrique IV, discípulo de Annón, y el papa Gregorio VII, como tam­bién acentos de luminosa fe al hablar de la santidad de Annón que desde el cielo intercede por su pueblo. El poema es uno de los mejores monumentos de poesía his­tórica con fondo místico de la Edad Media alemana.

M. Pensa

¿Qué podemos decir de este poema?, ¿qué decir de su composición, de su gravedad, de su extensión, de la proporción de sus partes, de su belleza moral, de la lozanía de su dicción? Si cada santo hubiera teni­do un panegirista semejante, y cada mo­nasterio un poeta como éste, ¡qué ricos seríamos y con qué ardor veneraríamos a nuestros santos! (Herder)