Antapodosis, Liutprando

[Antapodosis]. Obra de carácter histórico en latín violentamente escrita en 958 (en «antepodosis» o réplica a ofensas recibidas) por Liutprando (alrede­dor de 920-972). De familia longobarda fue educado en Pavía en la corte de Hugo de Provenza y favorito de Berengario II de Ivrea, hasta que enemistándose con él pasó al servicio de Otón I de alemania, que le hizo obispo de Cremona (961), y le tuvo por compañero en la lucha contra Juan XII. En ésta, que es la más importante de sus obras, Liutprando traza una historia gene­ral de Europa desde el año 888 al 950, con objeto de vengarse de su enemigo Berengario y de su mujer Willa, culpable de haber incitado a su esposo a echar al fa­vorito y secretario, de origen longobardo. Son importantes los datos que nos da acer­ca de húngaros, francos, alemanes y sarra­cenos; y más todavía acerca de los aconte­cimientos en Italia en tiempos de Hugo y de Berengario II.

Dividida en seis libros, la narración se sirve en los tres primeros de fuentes diversas, escritas y orales, mien­tras en los restantes se apoya únicamente en todo cuanto es directa experiencia del autor; queda interrumpido el sexto, por muerte de Berengario. En un estilo avivado por el conocimiento personal de las costum­bres de los pueblos, adquirido por Liutpran­do durante sus frecuentes embajadas a Bizancio, entre alabanzas a los amigos y vi­tuperios a los enemigos, particularmente al matrimonio real, el antiguo diácono de Pavía, reduce su venganza a una afirma­ción personal de poder: Liutprando querría ser rico, no sabe seguir los dictados evan­gélicos de bondad y de perdón, y se satis­face con la muerte de sus enemigo, de tal modo, que interrumpe su trabajo. La obra, en la que demasiado a menudo aparece el elemento anecdótico, es importante por los numerosos datos que aduce — especial­mente cuando son de primera mano — a su argumentar partidista; ágiles son siem­pre los elementos satíricos, los apostrofes, las reflexiones que revelan sus motivos pro­fundamente literarios y retóricos.

C. Cordié