Anales de la Corona de Aragón, Jerónimo de Zurita

Obra de Jerónimo de Zurita (1512-1580), nombrado cronista en 1548. Son los prime­ros compuestos por acuerdo de las Cortes del reino (1547) para evitar el olvido en que estaban «los hechos y cosas antiguas» del mismo. A tal cargo subordinó en adelante lo más de su actividad; nada omitió —via­jes, búsquedas de documentos…— para avalorar su trabajo, considerado por ello como sobresaliente no sólo en el cuadro de la historiografía española, sino de la universal. Comprenden los Anales desde la invasión musulmana hasta la muerte de Fer­nando el Católico, o sea el período nacional. Historiar lo anterior tenía el riesgo de mez­clar con lo histórico lo legendario y, sobre todo, con lo amañado por los falsarios, que él supo desdeñar. Es, en cambio, completísi­mo en lo lícito; acude ya a mucho de lo que hoy llamamos historia interna y no se confina, cuando conviene, en el marco de la historia de Aragón, cuyas relaciones con los demás estados peninsulares —a veces tam­bién los de fuera — obligaba a fijar en ellos la atención.

Como comporta el género analístico, el orden es exclusivamente cronoló­gico, ocupando la reseña de algunos años gran copia de páginas. Su faceta desfavora­ble es la falta de arte para componer, más por aplicarse sólo a consignar lo averiguado que por carencia de dotes, que a veces re­vela; es por ello de lectura poco atractiva y muy fatigosa, aunque extremadamente fructífera. Cumplió también la segunda par­te del deseo de las Cortes, que, además de la obra en romance, demandaban otra en latín; con ello satisfacía a la vez la apeten­cia humanística de ofrecer, en un idioma internacional, su historia patria a los ex­tranjeros. La nueva obra, titulada Indices rerum ab Aragoniae gestarum…, no es tra­ducción de la castellana, sino extracto, par­cial — de los diez primeros libros—, más tarde algo amplificado. No entra Zurita, sin embargo, propiamente en la escuela de hu­manistas ; le separan de ellos importantes diferencias, entre ellas la de prescindir de los personajes, que en los más de los casos le parecen incompatibles con la absoluta veracidad a la que él todo lo subordina.

B. Sánchez Alonso