El Rickshaw Fantasma, Rudyard Kipling

[The Phanthom Rickshaw]. Relato de una obsesión alucinante escrita por su víctima. For­ma parte de la serie de cuentos de vida india de Rudyard Kipling (1865-1936), pu­blicados en 1888-1889 por la Wheeler’s Railway Library de Allahabad.

Durante una travesía del océano índico, Jack Pensay, funcionario británico, se enamora perdida­mente de Inés Keith Wessington, mujer de un oficial inglés residente cerca de Bombay. Su vacación estival le permite encontrarla en Simia y su pasión se extingue «como un fuego de paja»; no así la de ella, «más profunda, más dominadora, más pura». Jack se promete con Kitty Mannering, y, mien­tras la señora Wessington adelgaza cada día más y se vuelve transparente, él tiene el valor de anunciarle personalmente su noviazgo cuando la encuentra, pálida y afi­lada, en su «rickshaw» (vehículo de dos ruedas) tirado por dos hombres «jampanees» en librea blanca y negra. «Querido Jack, sin duda hay entre nosotros alguna inter­pretación torcida, y un día u otro volvere­mos a ser excelentes amigos como antes», es la respuesta. A una réplica brutal del joven, ella se deja caer, deshecha, sobre los cojines del «rickshaw»; al cabo de una semana, muere.

Algunos meses más tarde, al salir con su prometida de la tienda de un joyero donde le ha comprado el anillo, el fantasma del «rickshaw» arrastrado por dos hombres en librea le corta el paso. Me­dio desmayado, es llevado a un bar; la vi­sión reaparece en un paseo a caballo con Kitty, y otra vez la noche misma, con la visión seguida por una conversación por su parte, en la calle, con el rubio fantasma. Tomado por los transeúntes como borracho perdido, es atendido por un tal doctor Heatherlegh: «No puede ser más que “delirium tremens” o alucinación…: pero no es usted un bebedor. Disturbios visuales cerebrales, especialmente digestivos: cerebro en estado de ebullición». La cura no sirve para nada; nuevas apariciones y nuevas conversaciones en la calle con el fantasma y todos los de­más seres invisibles; una de dichas escenas tiene efecto ante Kitty, que se entera de más de lo que él quería que supiera, y que, con un zurriagazo en la cara, rompe el no­viazgo así como toda relación. «¿Delirium tremens, crisis epiléptica o locura heredita­ria? ¿Qué versión hay que dar a la gente de dicha ruptura?», pregunta el doctor. Jack escoge la segunda. El «rickshaw» fantasma se convierte para él en la única realidad y todo lo demás, Kitty y el doctor com­prendidos, en sombras y fantasmas que ríen y lo tratan de loco cuando va por las calles, al lado del «rickshaw» de la se­ñora Wessington, en animada conversación con ella; fuera de eso, su vida social se desarrolla perfectamente normal.

El Rick­shaw fantasma es un típico cuento de «ob­sesión de espíritus» pero no pretende basarse sobre ninguna teoría del más allá. G. Pioli

Kipling tal vez se sirvió de algo anterior, imitó evidentemente a Stevenson, quizá su­frió la influencia de Maupassant: pero con seguridad es suyo el espíritu que, sin dis­cusión, puede encontrarse en casi cada pá­gina de las revistas populares tanto en In­glaterra como en América. (E. Shanks)