El Viajero Desgraciado o Jack Wilton, Thomas Nashe

[The Unfortunate Traveller or Jack, Wilton]. Novela del inglés Thomas Nashe (1567-1601), escrita en 1593 y publicada en 1594. El espíritu satírico y bufonesco del autor y su habilidad de libelista inspiraron esta primera novela picaresca inglesa.

Es la historia de un paje de talento, Jack Wilton, al principio actor y espectador en el sitio de Terouenne, que vive de los recursos de su ingenio, gastando bromas sabrosas a vivido­res y hosteleros, hasta que recibe una buena lección a base de unos cuantos latigazos. Vagabundeando a través de Alemania co­noce al conde de Surrey, enamorado de la bella Geraldina, que le nombra su paje; a su servicio tiene ocasión de encontrar a Tomás Moro, al Aretino y a Erasmo de Rot­terdam.

Tal es su descaro, que se hace pasar por el mismo conde y huye a Italia con una mujer. En una escena sabrosa, el conde, que lo ha descubierto todo, le perdona y se ríe de la aventura. La descripción de lo que el viajero ve y hace en Italia justifica am­pliamente las conocidas invectivas que se lanzaban contra la influencia maléfica de Italia sobre los jóvenes ingleses que iban allí en busca de diversiones en lugar de sa­biduría y experiencia. Pero Nashe, verda­dero producto del Renacimiento italiano, hace alarde de su admiración por el país de las letras, de las artes y de la poesía. Des­pués de un torneo en Florencia, en que su conde gana a todos los caballeros en honor y por amor de su linda Geraldina, Wilton se separa de él y va a Roma con su amiga Diamante; el autor no deja escapar la oca­sión para describimos la pestilencia que ha caído sobre la ciudad en el momento preciso en que llega Wilton, contándonos a la vez una serie de episodios de vida equívoca y vulgar, de tragedias y asesinatos. Finalmen­te, abrumado por tantas miserias y perfidias, se deja convertir a mejor vida.

Nashe sabe presentar episodios violentos, cuadros típi­cos, experiencias extravagantes o triviales, como en las páginas en que describe las amarguras y dificultades de la vida del mar, con tal fuerza y sencillez que nos hace recordar algunas de las mejores piezas de Defoe. Quizás había oído hablar del Laza­rillo de Tormes (v.) traducido al inglés en 1576, aunque no parece seguro que lo haya leído. En cambio, no sabe liberarse de la influencia del estilo amanerado del Euphues (v.) de Lyly y de las opiniones corrientes sobre Italia, de la que sin embargo nos presenta unas descripciones muy vivaces aunque no muy cuidadas, rivalizando con el «cuento» en su amor a lo sensacional.

M. Navarra