Voltaire Entre las Sombras, Anónimo

[Voltaire parmi les ombres]. Singular libelo antivolteriano divulgado en los ambientes eclesiásticos de Francia y de Italia entre 1776 y 1777. Obra de autor desconocido, presumiblemente francés y de espíritu con­fesional (se atribuye al padre Ch.-L. Ricard), se publicó en Ginebra (en realidad París) en 1776, pero fue en seguida, en 1777, traducida al italiano en una edición de Roma, y en otra más completa en Venecia.

En este libelo se imagina que el filó­sofo se va a la morada de las sombras y se encuentra con algunos espíritus del pasado. Particularmente con Boileau comienza una violenta disputa sobre temas morales y re­ligiosos, y después éste y otros que han ido llegando le echan en cara el haber es­tropeado los autores que citaba y no haber respetado los valores morales de la socie­dad. Así en quince «pasatiempos» es con­denado todo el pensamiento del escritor: en diálogos, redactados con vivacidad, pero también con mal gusto, la obra de Voltaire es condenada como falsa y fanática, indi­ferente ante la religión, manchada dé odio venenoso, deísmo y calumnia de la santa y única religión. Hasta que una Sombra, que simbólicamente representa la sabiduría di­vina, reprende ásperamente al autor de tantas iniquidades y le echa fuera del reino de ultratumba, para que advierta a los vi­vientes.

A esta obra y a sus traducciones se añadió una parte apologética para el clero de Francia con ocasión de una Asam­blea general celebrada en París en 1775, y que constituyó una especie de compensa­ción a las perversidades morales anuncia­das «por el mismo filósofo de la Razón». En 1788 se publicó una continuación de esta obra: Voltaire de regreso de las sombras, de autor desconocido; aprovechándose de las habladurías que circularon acerca de la conversión del filósofo y de algunas accio­nes suyas cumplidas en sentido católico, se dice que finalmente aceptó la adverten­cia de las sombras, y con aquel talento que en ese folleto ya se reconoce — de «héroe de la literatura, corifeo de la filo­sofía, genio universal, apóstol de las na­ciones, gran legislador, preceptor por ex­celencia, reformador intrépido del género humano» —, habla de sus errores pasados e invita a los lectores a seguir las vías de la verdadera fe. Esta obra se descubre como una refundición propagandística.

Un Vol­taire que se condena a sí mismo y a sus «monstruosos errores» constituye una de­formación malintencionada y una ligereza precipitada contra la personalidad de un autor, aunque trate de presentarse bajo la apariencia de una componenda con la re­ligión tradicional. También la referencia al «anciano ya inclinado bajo la segur que se alza para cortarle la vida», no es otra cosa que un pretexto de polémica clerical, con el propósito de desacreditar la aborrecida «razón».

C. Cordié