Vocabulario, Hermanos Grimm

[Deutsches Wórterbuch]. Es el máximo diccionario de la lengua alemana. Jacob Grimm (1785- 1863), con ayuda de su hermano Wilhelm (1786-1859), comenzó a trabajar en él en 1838. El primer volumen se publicó en 1854; a distancia dé un siglo, la obra está todavía incompleta. El estímulo para emprender la obra de aquel vocabulario fue exterior.

En 1837 uno de los príncipes reaccionarios de la Alemania de aquel tiempo, el rey de Hannóver, Ernesto Augusto, abolió la Cons­titución. Los hermanos Grimm no quisieron, per dignidad, renegar del juramento presta­do a aquella Constitución y perdieron el car­go que tenían de bibliotecarios. Entonces una casa editora, la Weidmann, para ayudarles, les propuso la compilación de un vocabula­rio de la lengua alemana. Jacob ya no era joven y, como era un gran hombre de ciencia, sabía bien que un diccionario sólo en su menor parte es obra de investigación científica original. Con todo, aceptó el en­cargo, junto con su hermano. Todo el mun­do sabe que hay vocabularios descriptivos e históricos y vocabularios normativos. J. Grimm era un historiador que, además, odiaba a los gramáticos normativos. Su Vocabulario fue por esto decididamente his­tórico. Lo esencial en un diccionario histó­rico son las citas.

Y el Vocabulario de los Grimm está compuesto de citas sacadas de gran número de escritores que van de la mitad del siglo XV al XIX, hasta Heine y Gotthelf. Las citas van acompañadas de la indicación del autor y del lugar de la obra. Es así posible comprobarlas y sobre todo tener una base para su cronología. Correla­tivamente, las definiciones quedan abolidas; en lugar de ellas se da su correspondencia latina: por ejemplo, «Aar», «aquila»; «All», «integer»… J. Grimm debe su título de glo­ria a sus estudios acerca de las antigüedades y a la prehistoria de las lenguas germánicas. De aquí la parte concedida en el Vocabula­rio a la etimología, para seguir la historia de la palabra desde su fase moderna a las más antiguas, hasta donde, con ayuda de la comparación indoeuropea, es posible lle­gar. Por eso refleja la nueva lingüística comparada, de la que J. Grimm había sido precisamente uno de los fundadores. En cuanto histórico, el Vocabulario de Grimm se propone documentar y describir la lengua alemana más o menos normal de la mitad del siglo XV en adelante. Este fin, sin embargo, no fue proseguido por J. Grimm con coherencia.

Él tenía un sentimiento religioso del pasado. La estrechez de los pu­ristas le daba grima. Pero, hijo de su tiem­po, era un franco romántico alemán; detes­taba la época barroca e ilustracionista y amaba lo arcaico y lo popular. Sobre su finalidad histórica y documental vino a insertarse por ello, turbándola, un propó­sito de restauración. «Sería — escribió — el colmo de lo absurdo apartar la mirada de la Antigüedad y restringir el léxico alemán al corto alcance del presente». «Águila» se dice en alemán «Adler». Así se decía tam­bién en tiempo de Grimm, y así lo había escrito también Goethe. Pero esta forma, como moderna, no placía a J. Grimm, quien por esto nos remite al arcaico «Aar» como «al puro nombre del águila». J. Grimm era uno de aquellos viejos doctos alemanes acostumbrados a vivir fuera del mundo; por esto pudo cultivar la ilusión de que una obra como la suya, tan rigurosamente cien­tífica y llena además de tecnicismos, pu­diera ser leída por la noche en alta voz, en familia, y que prestasen oído a la lec­tura inclusive las hacendosas amas de casa. Esto explica la enojosa tendencia pedagó­gica de la obra.

Se manifiesta claramente también en el propósito de expulsar las pa­labras forasteras, de resistir «a la penetración ilimitada e ilegítima del elemento fo­rastero». «El vocabulario no debe favorecer esa afición a los barbarismos y a esa mesco­lanza lingüística; es más, debe oponerse a ella». Se trataba, a su manera, de un purismo entremezclado de patriotismo, incon­ciliable con un propósito netamente histó­rico, el cual puede juzgar los hechos, pero no dejarlos aparte. El léxico alemán está todo entretejido de palabras muy comunes, que tienen un origen no germánico. Un vocabulario no puede dejar de registrarlas. Pero hay muchas palabras forasteras, sobre todo dentro del círculo de la cultura, que no son de uso general y popular. J. Grimm las excluyó, así como excluyó los términos de disciplinas especiales, las voces cien­tíficas y técnicas. Esto constituyó un de­fecto evidente, que limita el valor docu­mental de este Vocabulario y lo sitúa en una condición de inferioridad con respecto a la mejor lexicografía moderna, que está re­presentada de modo eminente por el Gran Diccionario inglés de Oxford. J. Grimm era un científico animado de unos cuantos y grandes intereses dominantes.

Precisamente por esto le faltaba la universal curiosidad y la impasibilidad clasificadora del verdadero lexicógrafo. No tenía el temple de un Littré, ni dispuso por otra parte de una organiza­ción comparable con la de Murray y de sus colaboradores de Oxford. El Vocabulario de los Grimm sigue siendo sin embargo, en el orden del tiempo, el primero de los gran­des diccionarios de las lenguas modernas cuyo fundamento es la nueva lingüística his­tórica que se originó con el Romanticismo. J. Grimm llegó hasta la voz «Frucht», esto es, al primer tomo del IV volumen. Wilhelm Grimm había redactado las voces de la letra D. Después de la muerte de J. Grimm, la redacción del Vocabulario fue proseguida por un grupo de filólogos: K. Weigand, R. Hildebrand, H. Wunderlich, M. Lexer y, sobre todo, M. Heyne. Después la Academia Prusiana de Ciencias .organizó su continua­ción por medio de una oficina de redacción de la que han formado parte también nota­bles eruditos como A. Hübner. Las letras G, S, T y V, Z están, sin embargo, in­completas.

V. Santoli

J. Grimm, que siempre actuó como histo­riador y se propuso defender la inviolabi­lidad de la Historia, se convirtió en precep­tor, hasta el punto de defender a la Historia en cuanto quiso negar y aun borrar en cier­tos casos los siglos más recientes del alemán literario y lo que ellos crearon. (Scherer)