Vocabulario, Antonio de Nebrija

En el año 1492, en las prensas salmantinas, publica el humanista español Elio Antonio de Nebrija (1444-1522) su Dictionarum latino-hispanicum, dedicado a su amigo y protector don Juan de Zúñiga, maestre de la Orden de Alcántara.

En el prólogo se contienen curio­sas afirmaciones sobre su propósito y el alcan­ce de esta obra, a la que «intitulamos — es­cribe — no con aquella soberbia que otros llamándolo catholicon, pandectas, Cuerno de Amaltea, quiero decir Universal… más con título lleno de vergüenza lexicón en griego, que es diccionario en latín». Como complemento de esta obra publica, unos tres años más tarde — hacia 1495 — su Interpre­tación de las palabras castellanas en latínr que constituye el diccionario castellano- latino, igualmente dedicada a don Juan de Zúñiga, y en cuyo prólogo dice su autor que «ninguna cosa tuve más delante mis ojos que traer al común provecho de todos mis velas e trabajos». Ambos vocabularios suelen andar encuadernados juntamente, y representan una tarea asombrosa, ya que se calcula en unas treinta mil palabras las que integran la parte latino-española, y unas veinte mil la castellano-latina. «Tenté una obra — nos dice su autor — la cual pen­saba ser la mayor e más necesaria de todas», y que al ofrecer un caudal léxico romance con su equivalencia latina enriqueció el castellano haciéndolo apto para el cultivo de las ciencias.

Su propósito es de doble signo y él lo declara al escribir: «Porque también miramos por el provecho de todos, assí de los que por la lengua castellana des­sean venir a la latina, como de los que ia ossan leer libros latinos e aun no tienen perfecto conocimiento de la lengua latina». El Vocabulario romance fue aumentado por el autor con otras diez mil voces en la edición salmantina de 1513, y sólo en el siglo XVI fue editado unas cincuenta veces, no sólo en España, sino en Francia, Alema­nia, Italia y Países Bajos. La de Venecia, de 1519, es trilingüe, y fue hecha por un discípulo de Nebrija, y la de Lyon, de 1555, contiene adiciones de otros humanistas. Desde el siglo XVII al XIX fue editado va­rias veces más. Esta tarea no fue estimada por Juan de Valdés, quien en su Diálogo de la lengua (v.) la censura, más que nada por ser obra de un andaluz, región donde la lengua anda muy corrompida.

M. García Blanco