Utilitarismo, John Stuart Mili

[Utilitarianism]. Tratado de John Stuart Mili (1806-1873), publicado en 1863. La moral utilitaria de Bentham en la Introducción a los principios de la moral y de la legislación (v.) partía del principio de que el placer es el único fin de la vida; Stuart Mili comprendió que una moral utili­taria tampoco podía prescindir de elementos interiores y se propuso proporcionarle una conciencia, un sentimiento del deber, una obligación moral.

Bentham había llegado a la fórmula «buscar la felicidad del mayor número de personas», identificando siempre el interés de cada individuo con el interés universal; Mili, sin oponerse a esta tenden­cia, reconoce que la propia felicidad cuanto menos se la busca más se la encuentra, procurando la felicidad del prójimo, mejo­rando las condiciones de la humanidad. Hacer a los demás lo que se querría que los demás hicieran por nosotros; amar al prójimo como a nosotros mismos: he aquí las dos reglas de perfección ideal de la moral utilitaria. Además, en su apreciación de los «placeres», al criterio utilitario de la «cantidad», cosa exterior y accidental, aña­de el de la «cualidad», cosa interior, de «naturaleza intrínseca», de mayor valor. Pero sobre todo rechaza la facultad moral natural, que proporciona los principios ge­nerales de nuestros juicios morales (escuela intuitiva), y sostiene que «para la escuela intuitiva el bien y el mal, como lo verda­dero y lo falso, son asunto de observación y experiencia».

Pero Mili se encuentra per­plejo al determinar la escala de las facul­tades dispuesta por orden de nobleza, a la cual pudiera corresponder una escala de placeres, y admite la necesidad de aceptar como juicio definitivo de los valores preferenciales de los placeres la experiencia de los que poseen también el conocimiento de ambas categorías de placeres, y en caso de disentimiento, el juicio de la mayoría. Mili reconoce además que la felicidad individual y la felicidad general están en realidad en conflicto entre sí; pero espera que las leyes y las convenciones sociales conseguirán armonizarlas; que la educación y la opinión establezcan una «asociación indisoluble» en­tre la felicidad propia y el bien de todos para volver instintiva esa identificación natural necesaria. Será su resultado la for­mación de la conciencia moral en el indi­viduo. Sigue la réplica a las numerosas acu­saciones dirigidas a su teoría: de inmora­lidad por ser doctrina de conveniencia, de oportunidad, de expedientes; de falta de ra­cionalidad; de imposibilidad práctica de valorar los efectos de una línea de conducta acerca de la felicidad general, etc.

Mili pone las sanciones de la obligación moral en el sentimiento mismo del deber, basado en «sentimientos sociales de la humanidad; en el deseo de estar en unión con nuestros semejantes… principio poderoso de la naturaleza humana y que, gracias a la influen­cia de la civilización en progreso…, tiende a hacerse cada vez más fuerte». Pero reco­noce que en muchos individuos estos sen­timientos sociales fallan totalmente; por lo tanto, además de las sanciones interiores de la satisfacción y del remordimiento, otor­ga un lugar principal al sentimiento de simpatía humana de fraternidad de la cual hace derivar la religión de la humanidad (influencia de Adam Smith y de Auguste Comte). El origen de la virtud es también utilitario; por lo que después — como ocu­rre con el dinero —, una vez formada la asociación entre virtud y felicidad se llega a desearla como un bien por sí mismo, no separado del placer de poseerlo y del dolor de no haber conseguido un grado más ele­vado de ella.

Mili se propuso introducir en la moral utilitaria lo que le faltaba: el psicologismo, la interioridad; quitarle el carácter exterior y mecánico a que la había reducido Bentham;’ de ciencia física y eco­nómica transformarla en ciencia psicoló­gica; todo ello por medio del asociacionismo, que era para él, en cuanto a la psico­logía, lo que para la astronomía la atracción universal.

G. Pioli