Utamaro: el pintor de las Casas Verdes, Edmond de Goncourt

[Outamaro: le peintre des Maisons Vertes]. Monografía artística del francés Edmond de Goncourt (1822-1896), publicada en 1891.

Entre los más grandes artistas del Japón — pintores, laquistas, cinceladores, esculto­res en madera, marfil y bronce, recama- dores y alfareros — tiene importancia ex­cepcional Utamaro (1754-1806), iniciador de la nueva «Escuela de la vida» y uno de los mayores representantes de la «pintura de la primavera». Sus composiciones cromáti­cas y la vivacidad de su dibujo pronto ha­bían de hacer famosa su escuela, particular­mente con álbumes que describen fiestas y escenas de la vida privada. El esplendor de sus tintas y la flexibilidad de los cuerpos acariciados por la ión del ar­tista, irradian en la primera composición de las «Doce horas de las Casas Verdes» en que se describe la vida de un día, según la costumbre japonesa de contar las horas de dos en dos con denominaciones simbólicas, como horas del Ratón, del Buey, del Tigre, etcétera. Las horas están representadas en estas obras por grupos de mujeres, y en sustancia vienen a representar, con riqueza sorprendente de pormenores, doce actitudes de cortesanas.

Pero la obra maestra que, con el mismo tema, había de conceder plena gloria a Utamaro es la suntuosa composición del que con título abreviado se suele designar por Anuario de las Casas Verdes, publicado en dos volúmenes en 1804, con dibujos suyos y de sus discípulos, como ilustración a un texto literario. La representación viva y blanda de la vida de las cortesanas (según una concepción gentil y poética que transfigura relaciones y amores de una manera poco acostumbrada en Occi­dente) queda así fijada en el encanto de las Casas Verdes, llenas de misterio y de dulce intimidad: reviven flexibles cuerpos de mujeres, languideces sentimentales, per­fume de flores y de inciensos en purísima idealización, que no descuida el conoci­miento de la naturaleza, sino que sobre ella funda la fluidez de un sueño personal de creador. Este carácter, que es genérico en el arte japonés y explica el valor de las escuelas y de los talleres, ha sido fijado sobre todo por Utamaro, y elevado a gran­deza de poesía; y Goncourt, con pleno conocimiento del tema, ofrece al lector europeo una verdadera monografía, con in­dicaciones precisas y agudas.

A la serie pro­yectada de «El arte japonés del siglo XVIII» [«L’art japonais du XVIII.e siècle»] sólo siguió el volumen sobre Hokusai [«Hokusai», 1896]; pero su nuevo interés por un arte tan delicado y, con todo, sutilmente sensual, confirma en Goncourt la exigencia de trabajar sobre la propia «virginidad de los documentos», como en la historia moral y artística del siglo XVIII, y de la Revolu­ción francesa. La misma afinidad de tema, en su exaltación de la vida privada e individual, en su amor a las pequeñas cosas preciosas, a la mujer y al goce, guía tam­bién estas investigaciones orientales apa­rentemente dispersas, y cierra toda una vida literaria.

C. Cordié