T’ao Yüan-Ming Wên Chi, T’ao Ch’ieng o T’ao Yüan-ming

[Colección de los escritos de T’ao Yüan-ming]. Obra china en 10 volúmenes, escrita por T’ao Ch’ieng o T’ao Yüan-ming (365-437), filósofo y gran poeta.

Mientras los poetas pre­cedentes habían sido generalmente imita­dores de la poesía antigua, preocupados siempre por la elegancia formal, T’ao escribe con palabras simples y comunes, de las cuales surge una singular profundidad de pensamiento. Entre las prosas, las más fa­mosas son la «Fuente de las flores de me­locotonero» y «Retorno al hogar».

En la primera nos describe a un pescador del- Wu-Lin que, arrastrado por la curiosidad de buscar la fuente del río en el cual pes­caba y que desaparecía entre las rocas, aventurándose en aquella encrucijada, des­cubre un bosque de melocotoneros, en el que desde tiempos remotos moraba una pequeña colonia que desconocía los aconte­cimientos históricos, pasados y presentes, y completamente pacífica y feliz. La segunda es autobiográfica: el poeta se ve precisado a vestir sus hábitos ceremoniales para reci­bir a un delegado de la corte, pero «no se siente bien dispuesto a inclinarse por cinco fanegas de arroz»; prefiere presentar su dimisión y volver a casa para llevar una tranquila vida de campesino: «Al fin me voy a casa. ¿Y por qué no he de volver a casa, sabiendo que mi campo y el jardín me los han entristecido las malas hierbas? Mi alma la había sometido al cuerpo: ¿de qué sirve el vano lamento? Lo que fue ya pasó; en lo sucesivo es preciso enderezar el camino; solamente te has desviado un poco; ya sabes que lo que hoy es justo, ayer era equivocado por completo… Levanto el jarro y la copa, y bebo un sorbo; contento veo que en el patio se alza todavía mi rama; en la ventana del mediodía me asomo y res­piro a mis anchas; compruebo que mi retiro será desde ahora agradable…» Su retiro no es indiferentismo absoluto como predica el budismo, sino un sabio modo de vivir en los tiempos de desorden, entre el goce de la vida familiar, el amor a la tranquilidad y el placer de la naturaleza y de los libros.

El vino es una pasión particular de nuestro poeta y ella deja rastro en sus prosas y en sus’ poesías; otro motivo es el amor. Pero sobre todo domina el deseo de una quietud feliz no exenta de sensualidad. «Sobre la blusa, querría ser el cuello, para sentir el perfume que deja allí un rostro hermoso. Pero por la tarde lamentaría su falta, así como también la inmensa noche del otoño. Sobre la vestidura querría ser el cinturón, para poder abrazar la cadera delicada. Pero sentiría el aire frío de fuera, y me lamentaría al cambiar los vestidos vie­jos por los nuevos. Entre el cabello, querría ser el óleo aromático, para poder peinarlo hasta las mejillas y los hombros; pero me lamentaría de los continuos baños de la amada, que me obligan a tratar con el agua… Durante el día querría ser la som­bra y seguir siempre a su persona, pero me lamentaría del obstáculo de los árboles, que nos obligan a separarnos… De todos mis de­seos, ninguno puede convertirse en realidad; inútiles y vanos son los deseos que afligen a mi corazón… ¿A quién puedo descubrir este total afecto mío…?» («Sentimiento ocioso»).

El pensamiento de T’ao nace filo­sóficamente, pero se expresa en poesía. Es­quivo a riquezas y honores, es uno de los más felices representantes de la sabiduría china; existe en él una especie de epicureis­mo refinado y contemplativo que domina toda su obra y la recoge en perfecta unidad.

P. Siao Sci-Yi