Seiyo Kibun, Arai Hakuseki

[Notas sobre el Occiden­te]. Obra japonesa escrita, en tres volúmenes, por el filósofo confucionista Arai Hakuseki (1657-1725), consejero del «shógun» Ienobu (1709-1712). El punto de partida para la redacción de este trabajo fue dado al autor por un acontecimiento histórico que se refiere a un italiano.

Después de las persecuciones contra los cristianos y la ex­pulsión de los extranjeros, el Japón había quedado cerrado en 1639, definitivamente, para el mundo exterior, y en este aisla­miento había de seguir después hasta el año 1868. Durante todo este período, una ley rigurosa prohibía a los japoneses que saliesen de su país, y a los extranjeros, especialmente a los cristianos, que entrasen en él. En este estado de cosas, un sacer­dote palermitano, el P. G. Battista Sidotti (1668-1715), resolvió penetrar en el Japón para intentar hacer allí prosélitos. El P. Sidotti se embarcó (1703) con monseñor De Tournon, que se dirigía a la China como legado de la Santa Sede para la famosa controversia de los ritos. El P. Sidotti, después de una residencia de algunos años en la India y en Filipinas, desembarcó, en la noche del 9 al 10 de octubre de 1708, en la isla de Yakusima, en el Japón.

Descu­bierto acto seguido y detenido, fue llevado primero a Nagasaki, y de allí a Yedo (hoy Tokio), adonde llegó en diciembre del 1709, para ser sometido a juicio. La instrucción del proceso fue confiada precisamente a Hakuseki, el cual hubo de tener frecuentes contactos con el prisionero, que suscitó en él vivo interés. Quedó asombrado por la cultura y la capacidad moral del sacer­dote palermitano, y se aprovechó de ello para enriquecer sus conocimientos acerca del mundo occidental y de la religión ca­tólica, que el P. Sidotti defendió valiente­mente hasta en los momentos más delica­dos del proceso. Los episodios de éste, los largos interrogatorios a que se sometió al sacerdote, y sobre todo, la cantidad de no­ticias que aprendió Hakuseki fueron la ma­teria que él consignó en su Seiyó Kibun. En la relación que presentó al gobierno, Hakuseki adelantaba tres propuestas:

1) que el prisionero fuese devuelto a su país de origen;

2) que fuese mantenido en pri­sión;

3) que fuese ejecutado.

Aconsejaba la primera, pero el gobierno escogió la segunda, por lo que el P. Sidotti fue con­finado en el Kirishitan Yashiki de Yedo, con la prohibición más rigurosa de hacer prosélitos. Pero él desobedeció, pues poco después convertía al cristianismo a dos an­cianos, un hombre y una mujer, que le habían sido concedidos como criados. El castigo fue terrible. Fue obligado a vivir en una fosa con una pequeña abertura en la parte superior que permitía la entrada del aire y el suministro de los alimentos. Y allí dentro el pobre P. Sidotti murió el 15 de diciembre de 1715. El Seiyó Kibun es importante no sólo como documento his­tórico, sino también, y mucho más, como documento psicológico y humano.

Entre las cosas interesantes, por ejemplo, se lee en esta obra una ingenua y simplista confu­tación del cristianismo. L. Lónholm, en un apreciable trabajo: Arai Hakuseki und Vater Sidotti, en «Mitteilungen der deutschen Gesellschaft für Naturund Volkerkunde Ostasiens» (Heft 60, Band VI, 1894), guiándose por el texto japonés, pone en feliz relieve el contraste entre ambas men talidades: la del juez Hakuseki, embebido de racionalismo confucionista y la del pri­sionero, animado de un misticismo religio­so, profundo y ardiente. Trad. inglesa de la parte esencial por W. B. Wright [The Capture and Captivity of Pere Giovanni B. Sidotti in Japan, from 1709 to 1715. Translated from the Seiyó Kibun of Arai Ha­kuseki] en «Transactions of the Asiatic Society of Japan», vols. 9 y 14 (Tokio, 1881 y 1886).

M. Muccioli