San Agustín, Giovanni Papini

[Sant’Agostino]. Libro del escritor italiano Giovanni Papini (1881-1956), publicado en 1929. Como él mismo confiesa, antes de volver a Cristo, San Agustín fue, con Pascal, el único escritor cristiano que Papini leyó con admiración no tan sólo intelectual. Y más adelante, le prestó inmensa ayuda para convertirse. Papini era como Agustín un literato y un aficionado a la palabra, un inquieto bus­cador de filosofías y de verdad, sensual y ávido de fama.

A Papini le alentaba el ejemplo de aquel hombre tan cercano a él en las debilidades, que llegó a renacer y rehacerse en Cristo. Si una vez le admiró como escritor hoy le quiere como un hijo quiere a su padre. Papini escribe este libro y al hacerlo quisiera que fuese prueba de esta deuda y de este amor. No es una vida novelesca, orlada de fantasías aun verosí­miles. Ha querido narrar la vida exterior e interior del gran africano con acusada sencillez, advirtiendo dónde los hechos son ciertos y dónde son únicamente probables. Esta vida no es una simple paráfrasis de las Confesiones (v*) — que, por otra parte, no llegan más que a los treinta y tres años del santo —. Tampoco es una exposición completa del pensamiento agustiniano. Pa­pini no trata de dar una idea de su filo­sofía, o de la teología de San Agustín, pues él no es ni un filósofo ni un teólogo. Pa­pini es un literato apasionado y lo que le interesa es el hombre en cuanto tal. Ha querido dar la «historia de un alma».

Has­ta las alusiones a la inmensa obra de San Agustín no son sino ensayos, necesarios pa­ra mejor iluminar su espíritu y dar una idea más rica de su grandeza. Escribe como artista y como cristiano, no como patrólogo o escolástico. No oculta ni vela culpa al­guna del Agustín joven, como hacen algu­nos panegiristas de «buena voluntad», pero de escaso tacto, al pretender reducir casi a nada la pecaminosidad de los convertidos y de los santos. Papini centra su interés en el esfuerzo del hombre por surgir del fango hacia las estrellas, quedando así manifiesta en este libro la potencia de la gra­cia. Todos nosotros hemos visto en San Agustín al doctor de la gracia, al teólogo, al filósofo, al escritor. Papini nos recuerda que este Agustín vive cerca de nosotros porque es el «hermano que lloró y pecó como nosotros», el «santo que logró esca­lar la ciudad del eterno gozo y sentarse a los pies del Dios recuperado para siempre». [Trad. castellana de M. A. Ramos de Zárraga (Madrid, 1950)].

J. Mª Pandolfi