Relación sobre Carlos V, Bernardo Navagero

[Relazione su Cario V]. Entre las relaciones de los embajadores vénetos al Senado durante el s. XVI, es importante la redactada por Bernardo Navagero, que fue embajador cer­ca de Carlos V en 1543, en sustitución del embajador Ponte, enfermo, y que debía después ser elegido cardenal por Pío IV. La Relación no fue publicada hasta 1839 en la colección de Eugenio Albéri.

Navagero siguió al emperador en las guerras de Flan- des y de Francia, y sobre ellas (en particular sobre la paz de Crépy) dejó observaciones bastante notables por su agudeza histórica y política. A través de la estimación bastan­te precisa de las tropas imperiales, de las relaciones que los capitanes de mar y tierra presentaban al príncipe, de las condiciones de los soldados (sin olvidar las noticias más exactas sobre las condiciones de las tropas, sobre las fortalezas y sobre las municiones), el autor hace luz sobre la actitud de Car­los V con respecto a los príncipes, los fie­les y los infieles, y en particular el dux de Venecia. De notable interés histórico es la agudeza política con que Navagero juzga a los amigos y los enemigos del emperador, y sugiere consejos sobre la manera de comportarse con ellos.

A propósito de los fla­mencos, que daban no pocas preocupacio­nes a la política imperial, recuerda que son de carácter independiente y arrogante; graves problemas preocupan el ánimo del soberano: la soldadesca es a menudo in­quieta y violenta. Navagero pinta con sombrías tintas la conducta de las tropas de raza alemana, constituidas por vulgares lu­teranos que queman las imágenes de Cristo y que de las iglesias católicas hacen cuadras para sus caballos; sin embargo, estos sol­dados son valerosos, porque no temen la muerte en combate. Una parte fundamental de este escrito es la relativa a las figuras de los capitanes imperiales, al marqués de Pescara, a Prospero Colonna, a Ferrante Gonzaga, que permanecen siempre al lado de Carlos V, tanto en la fortuna como en los momentos difíciles. Pero el emperador se siente ya cansado y vacilante; teme a los turcos y su posible ataque a España en unión de Francia; y entre tantas dificul­tades, al final de un reinado tan largo y accidentado, el soberano siente más que nunca el deseo de paz y de tranquilidad.

El embajador, al ultimar su relación para el Senado, advierte la incertidumbre del mañana, pero a la vez afirma su convenci­miento de que la Serenísima República de Venecia ha hecho lo posible para defender la integridad y la fuerza del Estado. Esta relación es también importante por las no­ticias que da sobre el delicado momento histórico en que Carlos V se dispone ya a abdicar en su hermano y su hijo, para retirarse a un convento, desde el que obser­vará los efectos de su labor política en los estados de Europa y de América, sobre todo en relación con la nueva ordenación de Es­paña y del imperio.

C. Cordié