¿Qué es la Ilustración?, Immanuel Kant

[Beantwor­tung der Frage: Was ist Aufklärung?]. Obra filosoficosocial de Immanuel Kant (1724- 1804), publicada en 1784, el mismo año de la Idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita (v.), y conti­nuando el estudio acerca de La moral vá­lida para todos los hombres sin excepción de religión.

La Ilustración es la liberación del hombre del estado voluntario de mino­ría de edad intelectual, o de incapacidad para servirse del intelecto sin la guía de otra persona por falta de decisión y valor. La pereza y la cobardía ponen intelectual­mente a algunos adultos bajo la dirección de tutores autoelegidos. iEs tan cómodo ser menor de edad! Un libro cuida de tener inteligencia por mí; un director espiritual, un médico, tienen por mí conciencia, saber higiénico; y yo, con tal que pague, ya no tengo que hacer ningún esfuerzo, y los susodichos tutores tienen cuidado de que la mayor parte de la humanidad mire la libe­ración no sólo como incómoda sino también como peligrosa, señalándoles el riesgo que los amenaza si se aventuran a caminar solos.

Ciertamente, al salir del cochecito para niños en que los han tenido encerrados, los audaces podrían caer y darse algún golpe al principio, pero después aprenderían a caminar solos; con todo, aquella perspec­tiva impide atreverse a la mayoría de los tímidos. Las cadenas que mantienen a los hombres bajo tutela son las reglas y las fórmulas, instrumentos mecánicos del abuso de los dones naturales humanos, y pocos son los que por autoeducación del espíritu hayan logrado librarse de la tutela y ad­quirir una norma segura. Más fácil es que se libere lentamente una colectividad cuan­do algunos de los propuestos como tutores de la masa se liberan a sí mismos, sacuden el yugo y procuran defender en torno a sí la idea de una apreciación racional del valor y de la vocación de cada hombre a pensar por sí mismo; pero también ellos encuentran obstáculos precisamente en el público esclavo y dominado por los más retrógrados de sus tutores, que lo azuzan contra sus libertadores.

Razón por la cual, mientras puede bastar una revolución para poner el debido fin a una opresión personal despótica, un público no puede ser ilus­trado sino lentamente, porque una muche­dumbre no educada en pensar por sí misma será señuelo para nuevos prejuicios. ¿Qué se exige para esta ilustración? La más ino­cente de las libertades: la de razonar con la propia cabeza sobre todos los puntos : «sapere aude». Pero Kant distingue el uso privado de la razón que uno hace como estudioso, y que debe ser siempre libre, del uso público, que puede ser, en cambio, limi­tado. En las prácticas de interés público es necesaria cierta disciplina para poder converger todos hacia finalidades de interés público o al menos para no destruirlas. Aquí no es menester razonar, sino obedecer.

Pero en cuanto este miembro del orden estatal es miembro de la humanidad, tiene derecho a razonar y el deber de exponer en público observaciones y críticas; por ejemplo, si es contribuyente — después de haber pagado sus impuestos —, acerca de la oportunidad y justicia de ciertos tributos; si es sacerdote — después de haber expuesto las doctrinas de la Iglesia a quien sirve —, sobre las de­ficiencias de aquel símbolo y aquellas orde­naciones religiosas y eclesiásticas. Pero como hombre de estudios que con su voz o sus escritos habla al público, como ministro es­piritual en el uso de su razón, tiene libertad ilimitada para servirse de su razón y hablar en propia persona.

Porque sería un absurdo que los tutores del pueblo se vieran some­tidos también a una tutela. Esto no podría servir sino para perpetuar los errores y los males. Siendo deber primordial del Estado educar a los ciudadanos para la libertad, el respeto a la crítica y a la independencia intelectual será uno de sus principios esen­ciales. La libertad del individuo no debe ser coartada más de lo necesario para cons­tituir una voluntad y una acción exteriores comunes que hagan posible la comunión interior, obra de la ley moral.

G. Pioli