[Vorschule der Aestetik]. Obra del filósofo alemán Gustav Theodor Fechner (1801-1887), publicada en Leipzig en 1876. Es fundamental para la historia de la estética, ya que representa una completa renovación de tal disciplina, en el sentido de abandonar las concepciones idealisticorrománticas.
Éstas — la estética «desde arriba» — deducían las categorías, las estructuras, los valores estéticos y la propia historia de éstos partiendo de la idea de la estética como momento del espíritu, interpretada según una concepción metafísica de lo real. La estética fechneriana quiere ser una «estética desde abajo», que interprete la experiencia y la realidad estética partiendo de sus más elementales aspectos constitutivos, según un procedimiento experimental inductivo, y remontándose a las leyes generales. Se trata de una estética psicológica que, por una parte, procede según el método común de introspección y observación, pero aplicado de modo que supere los límites y rompa los moldes de la experiencia tradicionalista, llena de determinaciones abstractas y genéricas; por otra parte, hace uso de un sistema de experimentación y de estudio del que Fechner ha expuesto las reglas fundamentales.
Estos experimentos van encaminados a determinar el valor estético y el placer producido por las diversas sensaciones o secuencias o relaciones de sensaciones, y se clasifican en tres tipos: experimentos de lección, o sea de preferencia y de valoración estética de los datos sensoriales; experimentos de producción, fundados sobre la actividad estética creadora y combinadora de los sujetos; experimentos sobre los objetos usuales, encaminados a determinar su valor y naturaleza emocional. De estos experimentos Fechner cree poder deducir unas leyes o principios esteticopsicológicos. Tales son los principios del umbral estético, según el cual el estímulo debe alcanzar un cierto grado de intensidad para producir el placer; del refuerzo estético determinado por la convergencia de los estímulos; de la uniforme conexión de lo múltiple, o sea, del valor de una relación entre unidad y multiplicidad; de la ausencia de contradicción; de la claridad de la asociación estética; del contraste estético; de la secuencia estética; de la reconciliación estética; del tiempo de estimulación; del placer del mínimo esfuerzo.
Cierto es que tales leyes estéticas, si se prescinde de su formulación, entran en la esfera de observación general y, más que a la esfera estética, se refieren a la sensibilidad en general. Esto no empece que el método experimental, incluso en este campo, haya puesto en claro, aunque sea en un plano elemental, algunas relaciones notables, en especial por lo que respecta a las estructuras sensibles que caracterizan las distintas artes. La estética «desde abajo», aminoradas sus pretensiones, puede envanecerse de algunos éxitos, como demuestran las obras de Külpe, Valentine y Ziehen. Pertenece a Fechner el mérito de una iniciativa metodológica, que es interesante también por sus límites.
A. Banfi

