Principios Metafísicos de la Ciencia de la Naturaleza, Immanuel Kant

[Metaphysische Anfangsgründe der Naturwissenschaften]. Obra de Immanuel Kant (1724- 1804), publicada en 1786. Para entenderla es necesario enlazarla con la Crítica de la ra­zón pura (v.), aparecida cinco años antes (1781), que establece los principios que de­terminan :

a) el intelecto en sus juicios;

b) la voluntad en sus acciones.

Desarrollando las consecuencias de dichos principios, ha­bía de ser posible construir el sistema de la Razón Pura, o sea la nueva metafísica crí­tica, dividida en dos partes: metafísica de la naturaleza y metafísica de las costum­bres. La primera parte de este vasto pro­grama está desarrollada por Kant en la obra aquí expuesta. Pero, en realidad, mientras la Crítica encierra el planteamiento de los problemas, o sea la parte genial y crea­dora de la filosofía teorética de Kant, en la nueva obra encuentran sólo lugar deduc­ciones y desarrollos de limitado interés. El conocimiento conceptual «a priori» de la naturaleza es posible gracias a la aplica­ción que en ella reciben las leyes de la intuición pura espaciotemporal, o sea me­diante el empleo de las matemáticas. «En toda doctrina de la naturaleza sólo hay tanta auténtica ciencia cuanto haya en ella de matemáticas».

El resto es noción empírica. Para Kant, que refleja el estado de las cien­cias en su tiempo, la aplicación de las matemáticas es posible a lo más sólo en la mecánica: en consecuencia, los Principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza tratan únicamente de la teoría del movi­miento de los cuerpos y se proponen dedu­cirla rigurosamente de las leyes de la expe­riencia fenoménica. ¿Qué podemos conocer «a priori» del movimiento? Es el problema de la obra, que se divide en cuatro momen­tos y da lugar a cuatro disciplinas: la Foronomía, ciencia del movimiento relativo, atribuible a un punto matemático; la Diná­mica, que considera la materia como resul­tante de dos fuerzas antagónicas: repulsión y atracción; la Mecánica, que deduce la inercia de la materia y estudia la transmi­sión del movimiento; la Fenomenología, que determina de qué modo el movimiento puede estar representado en nuestra con­ciencia.

Particular interés ofrece, en la Dinámica, la célebre (e ilusoria) deducción «a priori» de la ley newtoniana de gravitación, según la cual los cuerpos se atraen en razón directa del producto de sus masas y en razón inversa del cuadrado de las distancias. En la Mecánica encontramos precisada la exclusión de las causas finales de la teoría de los cuerpos y preparadas así algunas visiones fundamentales de la Crí­tica del juicio (v.). En conjunto, Kant de­muestra en esta obra un poderoso esfuerzo constructivo, al que sin embargo no corres­ponde un adecuado examen crítico. Para la inteligencia del criticismo la obra no ofrece una gran contribución, aunque corresponda a una evidente exigencia sistemática.

A. Galimberti