Principios de Arquitectura Civil, Francesco Milizia

[Principi di architettura civile], Es la principal obra teórica del investigador de arte Francesco Milizia (1725-1798), editada en Finale el año 1781. El tratado aparece dividido en tres partes, correspondientes a los tres requisitos que el autor considera esenciales en toda buena construcción: be­lleza, comodidad y solidez.

Los fundamentos de la belleza arquitectónica son el orna­mento, que comprende en primer lugar los órdenes clásicos; la simetría o justa propor­ción de las partes aisladas con el todo; la euritmia o uniforme correspondencia de partes similares, y la conveniencia que determina el aspecto de todo edificio en relación con su carácter y con su función. Sigue el examen de los elementos de que depende la comodidad de la arquitectura, es decir, las situaciones respecto al am­biente, forma (curva, recta, mixta) y la distribución, que es el criterio mismo de la conveniencia, aplicado a la planimetría y alzado de los edificios. Desde este punto de vista, las construcciones son divididas en privadas y en públicas, y estas últimas dis­tribuidas según su función de utilidad cívi­ca, adorno o culto.

La última parte de la obra es un tratado predominantemente téc­nico acerca de la selección, el empleo y la resistencia de los materiales de construcción y sus problemas afines. Para Milizia, la arquitectura, en cuanto arte, debe seguir los cánones grecorromanos; en este sentido su exposición repite algunos conceptos aca­démicos derivados de Vitrubio. No obstante, la posición del escritor no es la de un trata­dista vitrubiano del siglo XVI: su mentali­dad, netamente setecentista, muestra ten­dencia al ilustracionismo racionalista y a las ciencias positivas, como lo demuestra la gran extensión con que trata la parte técnica y el criterio de la comodidad, dejando en segundo plano la base misma de la belleza. Milizia está considerado como uno de los principales representantes de la corriente teórica del siglo XVIII, inspirada en los principios del funcionamiento arquitectóni­co, que se inicia con el Padre Carlo Lodoli (1690-1761) y en la que se incluye también Francesco Algarotti con su Ensayo sobre arquitectura (v.), 1753.

Formulando un con­cepto apreciado por los teóricos moder­nos de la llamada «arquitectura racional», y basándose realmente en las teorías de Lodoli, sostiene Milizia que en todo edifi­cio «cuanto está representado debe hallarse en mutua relación», lo que exige desterrar todo ornamento superfluo, por vicioso. Este principio determina, por ende, la posición del autor respecto a la historia de la Arquitectura (tratada con mayor amplitud en Vidas de los más célebres arquitectos, v.); fundándose en ello puede justificar su ad­miración por los órdenes clásicos — tipo perfecto de los ornamentos necesarios, pro­ducidos por la naturaleza misma del edifi­cio — y la total condena del gusto barroco y rococó. Asimismo, el funcionalismo lleva a Milizia a reconocer el íntimo carácter lógico de la estructura en las construcciones góti­cas ojivales: esto le hace deducir que el edificio ideal, mientras debe inspirarse en los modelos griegos, en cuanto a su belleza, y en el gusto francés por la comodidad y distribución interna,, debe tomar el ejem­plo del gótico por lo que respecta a la soli­dez.

En conjunto, puesto que propugna el retorno al arte antiguo en nombre de la razón y repudia el arte de la edad barroca, la obra entra en el ámbito del Neoclasicis­mo. No obstante, convierte el renacimiento artístico en una cuestión no sólo de buen gusto, sino también de moralidad cívica. Mi­lizia muestra una seriedad sustancial de intenciones, de la que sus frecuentes intem­perancias polémicas (v. Sobre el arte de ver en las bellas artes, según los principios de Sulzer y de Mengs) representan única­mente el aspecto negativo y más aparente de su obra.

G. A. Dell’Acqua