Primavera, Ewald Christian von Kleist

[Frühling]. Poesía elegiaca del poeta alemán Ewald Christian von Kleist (1715-1759), compuesta en 1749, inspirada en un retorno al sentido y al espíritu de la naturaleza.

Por vez primera el autor ani­ma con sensaciones vivas los cuadros fría­mente impersonales, abrumados con consideraciones morales y filosóficas, de sus predecesores. Concibe el poema como «una pintura del aspecto y de los habitantes de la tierra, tal como aparecieron cierto día de primavera a los ojos del autor». La vi­sión que surge del contacto de su espíritu con el mundo exterior forma el motivo fundamental de toda la poesía: « ¡Acogedme, sagradas sombras! ¡Oh vosotras, moradas de dulce entusiasmo, vosotros, altos empa­rrados cubiertos de hojas y llenos de oscu­ras auras adormecidas! ¡Vosotros que a me­nudo rasgasteis para los poetas solitarios el velo del futuro, que a menudo les abris­teis las azules puertas del sereno Olimpo y mostrasteis a héroes y dioses, acogedme, llenad mi alma de dulce melancolía y paz!».

El poeta exhorta a abandonar las cárceles doradas y sofocantes de la ciudad por los campos multicolores, donde el trabajo hace para el aldeano tres veces bendito el ali­mento; y, pensando en la guerra que de­vasta el fruto de las fatigas. del hombre, exhorta a los príncipes a que sustituyan la espada por la hoz. La contemplación de la vida campestre y del campo le hacen desear el poder conversar con sus amigos sobre arte y ciencia, y ver, entre matas de rosas, a su celestial Doris, mientras la vida de los animales en el bosque le revela la om­nipotencia del amor de Dios incluso en lo más pequeño. La descripción de la benéfica tormenta y las alabanzas que las plantas satisfechas elevan al cielo, prenuncian los grandes poetas de la época posterior. Aun­que Primavera sea una poesía descriptiva con tendencias clasicomitológicas, separán­dose de las composiciones fríamente des­criptivas y reflexivas de un Brockes y de un Haller, anticipa la poética impetuosa y sensitiva de Klopstock.

G. Noulian