Pretextos, André Gide

[Prétextes]. «Reflexiones so­bre algunos puntos de literatura y moral» del francés André Gide (1869-1951), publicadas en 1903. Son una toma de posición en la cultura contemporánea, aunque no sean sistemáticas ni en la valoración de los. problemas ni en la manera de polemizar.

En dos conferencias sobre la influencia en la literatura, el autor pone de manifiesto el valor del ejemplo en el arte y en la vida, por lo cual el verdadero discípulo es el que obra por su cuenta y no copia a su maestro; lo mejor en arte no es alcanzar una gran­deza ficticia, sino una sencillez tan profun­da que parezca sosa y trivial. La influen­cia no crea, sino que despierta, más allá de cualquier ilusoria filiación; los verdaderos restauradores de una tradición son los he­rejes y los rebeldes. Por el amor de un arte sin otros fines fuera de sí mismo, de acuerdo con la estética simbolista, Gidelucha contra las doctrinas de Barres, sobre todo contra su novela Los desarraigados (v.),-porque toda exigencia nacionalista so­mete el pensamiento a unas leyes que no son las suyas.

Importantes son algunas con­sideraciones sobre la joven literatura, en el descubrimiento integral del hombre; la exal­tación de Nietzsche y Dostoyevski, sentidos como grandes europeos, iniciadores de un nuevo período en la historia del espíritu. Junto a particulares reflexiones sobre Henri de Régnier y sobre una traducción íntegra de Las mil y una noches (v.) como demos­tración de la libertad del arte, hay que recordar algunas consideraciones sobre la poesía de Francis Jammes, y entre las pá­ginas «in memoriam», las referentes a Mallarmé y Wilde; la experiencia del maestro y la vida del autor del Príncipe feliz (v.) las revive con amor y falta de prejuicios, pues significaron mucho para su formación.

Una  segunda serie de la obra está consti­tuida por los Nuevos pretextos [NouveaiLx pretextes], publicados en 1911. Gide sigue luchando contra el moralismo y el abstracto nacionalismo de Maurras, Barrés y su es­cuela; seguro en su experiencia simbolista e inspirado por la visión de gentes y países en largos viajes por Europa y África, sos­tiene que el artista debe conocer toda la vida’ para tener derecho a hablar de ella. De ahí se sigue que su obra no ha de tener reparos, ya que pone al descubierto una experiencia de la que la misma huma­nidad, incluso condenándola (como ocurrió en el caso de Wilde), se aprovechará para una más íntima espiritualidad. También esta colección empieza con dos conferencias sobre la evolución del teatro y sobre la im­portancia del público, que lentamente trata de evolucionar para llegar a una más refi­nada comprensión de los valores creadores.

En la polémica con Barrés, Gide quiere la libertad del artista y un amor a la patriano reforzado por necesidades étnicas o de tradición, sino por el vínculo de la huma­nidad y de la contemplación del mundo. La literatura, por lo que en ella hay de universal, reacciona contra todo pretexto de opresión. La literatura es un continuo juego de sondeo; el artista nuevo debe comprender el futuro en sus aspectos enig­máticos y a veces hasta paradójicos o diabólicos. Descuidando esta prueba de extre­ma sinceridad, el artista traiciona su co­metido. Importantes son algunas páginas de un «Diario sin fechas» [«Journal sans dates»], en que se mezclan impresiones de viaje, sobre todo de España, con reflexio­nes literarias y observaciones sobre el hom­bre; en este «Diario de a bordo» (como lo llama el propio escritor) evoca con extraor­dinaria finura la muerte de Charles-Louis Philippe, y también vuelve a expresar sobre la Juana de Arco (v.) de Charles Péguy la idea antibarresiana de que seguir la tradición quiere decir comprometer la energía, sea o no sea nacional.

También en los escritos de ocasión sobre varios libros de Jules Romains y de Francis de Miomandre, de Jean Giraudoux y Léon Blum, afirma la exigencia de que la obra de arte no debe probar nada, y que un verdadero artista va contra todas las tendencias; hay que librarse de todas las preocupaciones extrañas, para sentir la belleza de un pen­samiento y de un arte que no sean vacía repetición. Estos volúmenes de Gide son importantes para la comprensión de sus principios estéticos, ya que al traducir su actitud ante los diversos problemas contemporáneos, pueden explicarnos los motivos de su actividad de escritor, a menudo con­tradictoria y oscura.

C. Cordié

Nadie representa hoy mejor que él lo que se podría llamar después de Montaigne el complejo francés del ensayo. (Thibaudet)