[Preliminari di una teoría geométrica del le superficie]|. Obra de Luigi Cremona (1830-1903), publicada en las «Mem. dell’Accademia de Bologna», II Ser., vol. VI, 1866, y que después formó parte de las Obras matemáticas (Milán, tomo II, 1915, págs. 281-387).
Una curva plana es una sucesión de puntos situados en un plano y unidos entre sí por una determinada ley; mediante dos coordenadas, dicha línea puede ser representada por una ecuación. Para generalizar ese concepto del plano hasta el espacio se puede suprimir la condición de estar en un mismo plano, o bien suponer que en la ecuación respectiva las coordenadas son tres en vez de dos. En el primer caso se tienen las líneas curvas, y en el segundo, las superficies. Ahora bien, mientras que hacia 1865 solamente se conocía un único resultado importante en la teoría de las curvas alabeadas algébricas (como señalaremos más adelante), la teoría de las superficies algébricas era rica en bibliografía.
Cremona, al comprobar el éxito de su Introducción a una teoría geométrica de las curvas planas (v.) — que fue traducida al alemán —, se sintió inducido a componer una obra parecida en la que apareciese metódicamente coordinado todo cuanto hasta entonces se conocía respecto a las superficies algébricas, no sin unir algún importante complemento. Es la obra que pasamos a resumir. Consta de dos partes. La I comienza con varias nociones esenciales concernientes a las cónicas, las cuales se obtienen de otras referentes a las curvas planas, mediante proyecciones desde un centro, o que corresponden a las mismas siguiendo la ley de dualidad en el espacio; en particular subsisten para las cónicas algébricas unas fórmulas totalmente análogas a las de Plücker.
Atendiendo a la utilización futura, Cremona pasa seguidamente a considerar las curvas convexas algébricas y las superficies desarrolladas constituidas por sus planos osculadores; la figura resultante está caracterizada por diez números sujetos a cuatro relaciones, que reciben el nombre de «fórmulas de Cayley» por ser éste su descubridor. En este punto el autor inicia el estudio de las superficies algébricas, introduciendo el estudio de las diversas particularidades que fueron ya consideradas. Interrumpiendo después las consideraciones de carácter general se detiene en las superficies de segundo orden, para dar noticia de la teoría de las figuras polares recíprocas, la cual permite estudiar una superficie desde dos distintos puntos de vista, completando así la visión de sus características.
Después de hacer algunas nuevas consideraciones sobre los sistemas lineales de superficies y sobre los desarrollos correspondientes, se estudian las principales particularidades de las superficies convexas (líneas no desarrollables), a las cuales se debe recurrir para resolver las cuestiones relativas a la teoría general que es objeto de examen. La gran utilidad de la teoría de las curvas polares, para el estudio de las curvas planas, induce a Cremona a ocuparse de las «superficies polares» análogas; por ello, al comenzar la II parte, él las define y establece los principales teoremas relativos. De ello deduce la expresión del género de una superficie algébrica general en su orden y cualquier otro número del mismo género.
Se pasa después a la generación de una superficie algébrica mediante haces de superficies de orden inferior (cfr. la génesis semejante de las curvas planas) asociando algunos teoremas concernientes a las superficies en correspondencia; pasando del plano al espacio, además de recurrir a los haces, utiliza, con fines generativos, las retículas en correspondencia unívoca; interesa, no obstante, no limitarse a éstas, sino extenderse a los sistemas lineales triplemente infinitos e incluso de infinidad cualquiera; cuánto puede ser ventajoso todo ello, se deduce del gran número de proposiciones numéricas establecidas por el gran matemático italiano en las últimas páginas de su obra. Señalemos que, al terminar, el autor declara que no ha agotado el tema, proponiéndose particularmente establecer más adelante las propiedades del «haz de Hesse» en una superficie.
El lector se asombrará de que Cremona, inspirándose en cuanto alcanzó estudiando las curvas planas, no dedique una tercera parte, en su obra, a las superficies de tercer orden. La razón se debe a que a éstas dedicó un trabajo especial, titulado Mémoire de géométrie pure sur les surfaces de troisième ordre, que presentó ante la Academia de Berlin, en 1864, para aspirar al premio Steiner, que le fue concedido efectivamente por dicha corporación.
G. Loria

