[Chirurgia magna y Chirurgia parva]. Tratados de Lanfranco de Milán (Alanfrant o Alenfranc) (m. hacia 1300). Alumno de Guglielmo de Saliceto (v. Práctica quirúrgica) y desterrado de Milán como güelfo por obra de los partidarios de Visconti, Lanfranco se refugió en Francia, donde publicó sus obras.
La Chirurgia magna vio la luz en Lyon en 1270. La primera edición impresa fue la traducción francesa de Guillermo Yvoire, aparecida en Vienne, en el Delfinado: Lanfrancus ou le grant Alanfrant (hacia 1480), que contiene también la Chirurgia parva. Son también conocidas las ediciones aparecidas en la «Collectio chirurgica veneta», 1490, 1519, 1546, que también contienen la Chirurgia parva. Lanfranco demuestra en esta obra, además de una gran experiencia en la práctica operatoria, un vasto conocimiento histórico de la cirugía griega y romana. Lo mismo que su gran maestro, no separa nunca la cirugía de la medicina, y como Hipócrates (v. El juramento), exige al médico determinadas cualidades físicas y morales, además de una adecuada preparación profesional. Trata de mantener su enseñanza en los límites estrictos de la observación y de la experiencia directas. «Non propono in presentí opuscolo» — afirma — «tradere tibi nisi pauca levia et probata… secundum quod me ratio docuit operari, et experimento sunt per me longo tempore roborata».
Da importancia a los «apostemas», entendidos como reuniones «locales» o depósitos de humores con tumefacción, divididos en «simples» o «de sangre» (flema, cólera, melancolía, pneumatosis locales) y en «compuestos», surgidos de la combinación de varios elementos morbosos; dice que el saber, o la mayor gloria del clínico experimental o racional, depende de haber visto y conocido las distintas especies en número muy grande. Y si para estos «apostemas» recurría a los medicamentos en uso, no descuidaba la cura quirúrgica, como la amputación de un pie gangrenado a consecuencia de la prolongada acción del frío, las incisiones de un apostema acuoso (diagnosis de la ascitis), que creía afín a la hidropesía y a la hiposaca. Al contrario de las enseñanzas de Saliceto, se declara partidario del termocauterio, que prefiere al cortante. No menor importancia tiene la Chirurgia parva, publicada en 1296 en París, en cuyo colegio de San Cosme y San Damián, fundado en 1271, Lanfranco fue admitido en 1295. «Ubi tantam habui comitivam qualis et quante centesimo non sum dignus.
Ibique rogatus a quibusdam dominis et magistris, et specialiter a viro venerando decano Magistro de Passávento magistrorum medicinae nec non a quibusdam valentibus Bachalariis omni dignis honore, quod ea de rationibus Chirurgiae legendo dicebam, et meum operationis modum et experimenta quibus utebar in scriptis ad comunem utilitatem et recordationem perpetuara compilarem, ipsarum petitionum admittens onus reassumpsi jamdudum in mente propositum». De lo que se deduce que Lanfranco fomentó en esta academia los estudios de cirugía y que su obra fue compuesta para uso de los alumnos. Esta segunda obra es, sin embargo, mucho más importante porque contiene el resultado de sus investigaciones. Es particularmente notable la vasta casuística en torno a las hernias, que divide en intestinales, acuosas, ventosas, carnosas, varicosas; desechando algunas prácticas dañosas, no rehuía el verificar la operación, con la que se proponía evitar los tres inevitables daños de los otros métodos, esto es: pérdida del testículo, fácil recidiva y orquitis.
Aconseja abstenerse de operar a los débiles, afirmando haber conservado la vida a dos, mediante curas apropiadas. No olvida la paracentesis en la ascitis, cuando se hace necesaria, ni la operación en los riñones o en la vejiga para la extracción de cálculos, cuando resulten ineficaces las otras curas; en tal caso opera el corte perineal preconizado por Guglielmo de Saliceto, dirigiendo el bisturí «inter filum qui de ano procedit ad testículos, et ad coxam sinistram recte supra lapidem», y cuando en la litomía no tenía esperanzas de buen éxito, no operaba, «sed aliis cupidis chirurgis dimitte illa lucrari». A la historia de la cirugía corresponden también sus preceptos para las heridas crónicas y la esofagotomía. En conjunto, la obra de Lanfranco es la de un cirujano que se preocupa del enfermo, teniendo en cuenta cómo y cuándo se puede operar, huyendo de las prácticas corrientes en su tiempo, que comprometían la salud humana, por falta de hábito clínico. Las ediciones impresas más notables de la Chirurgia parva son las de Sevilla [Compendio de la cirurgia minor, 1495] y la de Estrasburgo (1529).
P. Pagnini

