Pequeñeces, P. Luis Coloma, S. J.

Es la obra maestra del P. Luis Coloma, S. J. (1851-1914), publicada en 1890 en dos volúmenes. Finísima sátira social de la aristocracia madrileña en tiem­pos de Amadeo de Saboya, caricatura de los personajes y de las conspiraciones que pre­pararon la Restauración, la publicación de esta novela levantó grandísimo revuelo y apasionadas polémicas entre la gente del gran mundo.

Literariamente, el autor sigue en ella la escuela realista, mitigada por sus tendencias moralizadoras. Su estilo es llano y fácil, a veces descuidado, excesivo en el uso de voces inglesas y francesas, pero siempre vivo, brillante y eficaz. Entre los personajes destaca, y en cierto modo puede considerarse como protagonista, la figura de la condesa Currita Albornoz, digna de figu­rar entre las heroínas de Balzac, perso­naje trazado con magistral habilidad. En ella hay imaginación, romanticismo, per­versión, puerilidad, gracia, distinción ex­quisita, contrastando sus condiciones y diferentes aspectos, que el novelista supo fundir en un carácter enigmático, complejo, maravilloso. Casada muy joven con un hom­bre tan necio como inútil, depravada des­pués por la pasión y el capricho, Currita revela la dualidad extraña que es frecuente en las mujeres desenfrenadas que nacen y viven en el gran mundo: por una parte pa­rece como que aspire a quemar en la llama del escándalo sus alas de mariposa; por otra se diría que vive asediada por las conside­raciones sociales. De ahí la curiosa mezco­lanza de provocación y lisonja con que obra frente al mundo, de ahí su felina comedia de paz y felicidad conyugal, su miedo al ridículo, sus halagos.

Su vicio dominante es la vanidad. Siente la necesidad moral de la atmósfera cálida y embriagadora en la que fluctúan los miasmas sutiles de la male­dicencia. Desafía a la sociedad, pero lejos de ella, agoniza como un pez fuera de su elemento. Cuando las damas le hacen el vacío, cuando su reino acaba, entonces Cu­rrita se convierte. Su conversión, a pesar de que sobreviene con violencia y con poco arte, es sin embargo muy comprensible, porque, en el fondo, nunca había sido ni incrédula, ni escéptica. Currita no se dis­tingue por su belleza, ni por su bondad, ni por su cultura. Casi fea, casi vieja, fría, frívola, disoluta, desleal, es, sin embargo, deliciosa por aquel conjunto de dulzura y de insolencia, por su impertinencia cortés, por su graciosa desenvoltura y por su ele­gancia.

C. Boselli