Mo Tzû, Mo Ti

[El libro del Maestro Mo]. Obra china de Mo Ti o Mo-tse (4799-381? a. de C.), fundador de la tercera escuela filosó­fica (y también científica) después del Taoísmo y el Confucionismo. Predica un amor universal condicionado por el pro­greso material. Como revelan las palabras de Mencio (v. Mêng Tsú) la doctrina de Mo Tzû tuvo en su tiempo una gran divul­gación y una estima universal.

Este libro, que se divide en 53 (originariamente 72) capítulos, parece ser una recopilación de los escritos de Mo Tzû y de los de sus segui­dores. Por lo general, en los libros chinos antiguos falta la exposición lógica de su contenido, y tienen la forma de diálogo o de mera descripción; el Mo Tzû es, en cam­bio, un libro sistemático, bien organizado. Al exponer sus doctrinas, Mo Tzû sigue siempre estos principios:

1) «Pen», o sea, «raíz»: esto es, la demostración de las doc­trinas debe ser hecha conforme a la vo­luntad de Dios, y a las obras realizadas por los sabios antiguos.

2) «Yüan», o sea, «origen», en que se afirman dos métodos, de deducción y de inducción; el primero con­siste en deducir según las enseñanzas de los sabios antiguos; el segundo consiste en inducir de la observación del pueblo.

3) «Yung», o sea, «aplicación», esto es, aplicar el fruto de los estudios a la política para el bienestar del pueblo, teniendo siempre en cuenta la voluntad celestial.

El amor universal es el núcleo de la doctrina de Mo Tzû, que se diferencia claramente de la doctrina egoística de Yang Chu (v. Lieh Tzû) y de la norma del confucionismo, que impone amar antes a los padres, y luego a los demás; es un amor que, basándose en una fe religiosa, abraza igualmente a todos y es parecido al amor cristiano, salvo que Mo Tzû tiende a justificarlo con elementos utilitarios. De manera que, los que desean la nobleza y la riqueza deben seguir la vo­luntad del cielo, esto es, amarse y ayudarse unos a otros: quien obra contra la voluntad del cielo tendrá su castigo; he aquí por qué los sabios emperadores Yü (hacia 2205 a. de C.), T’ang (hacia 1700 a. de C.), etc., han sido premiados, y los malos empera­dores han sido castigados. «Las normas para practicar la voluntad del cielo son: amar el reino de los demás como el nuestro; amar la familia de los demás como la pro­pia familia; amar el cuerpo de los demás como el propio cuerpo; así el mundo se hallará en orden y en justicia». La guerra es el acto más destructivo contra el amor universal, una contradicción de la razón.

Si quien roba fruta es considerado ladrón y es castigado por el gobierno, y, en cam­bio, quien saquea las ciudades y hace ma­tanzas en ellas es tenido por héroe y es alabado por todos, ¿qué podrá significar entonces la injusticia? Económicamente, la guerra trae grandes desastres: hambre, en­fermedad y muerte. Por lo tanto, el que construyese su propio país con la guerra sería el hombre más estúpido del mundo. Una vez, Mo Tzû, al enterarse de que el reino Ch’u quería atacar al Sung, corrió a introducirse entre los Ch’u para disua­dirles de su propósito; el rey de los Ch’u no quería escucharlo, pero, al fin, prometió retirar las tropas si Mo Tzü lograba aplacar las ansias bélicas de sus guerreros. Y Mo Tzû, después de haberlo conseguido, dijo: «Si ahora me matáis, no podréis vencer en la guerra porque hay más de treinta de mis discípulos que disponen ya de las má­quinas de mi invención para proteger el reino Sung». La templanza es el núcleo de su teoría económica.

Los vestidos sirven para -proteger del calor y del frío; las ca­sas para proteger del rocío y de la lluvia; y los manjares para proteger del hambre; el que desea algo más obra contra la tem­planza y el bienestar común. Por esto nues­tro filósofo se opone a la sepultura lujosa, que es generalmente una exageración de la piedad filial, y a la excesiva afición a la música (lo cual no significa destruirla). El amor universal de Mo Tzü no es una ignorancia de las relaciones humanas (entre padre e hijo, marido y mujer, etc.), como quiso sostener Mencio: es más bien un completo altruismo; y la voz del gran filó­sofo es una apelación nobilísima a la civi­lidad humana. Cfr. S. Cognetti de Martiis, Un socialista del siglo V a. de C.: Mih Teih, «Memorie Accad. Lincei, Cl. di Se. Morali» (1887); A. Forke, Mo ti des Sozialethikers und seiner Schüler philoso- phische Werke, «Mitteil. d. Seminars f. Orient. Sprachen» (Berlín, 1920); J. Legge, The Opinions of Mo Ti, en «Prolegomena a Men-tse, Chínese Classics», vol. I (Ox­ford, 1893).

P. Siao Sci-Yi