Los Enigmas del Mundo, Ernst Haeckel

[Die Weltratsel]. Tratado de biología del alemán, publicado en 1899. El principio de la filosofía natural es, en la opinión de Haeckel, el concepto panteísta de la «sustancia universal, ser divino universal que todo lo abarca y cuyos dos atributos son: materia, como sustancia in­finitamente extensa, y el espíritu (o ener­gía), como sustancia dotada de inteligencia o pensadora».

Es evidente la influencia de Spinoza; pero Haeckel se vuelve también frecuentemente hacia Goethe y, por lo que se refiere a la parte más naturalista de su obra, a los precursores^ de Darwin. Este monismo panteísta tendría que resolver, en la intención del autor, la antítesis entre espiritualismo y materialismo; pero en su desarrollo no es ni claro ni coherente y, al fin y al cabo, se puede considerar como una forma de materialismo, aunque el autor se opuso vivazmente a esta calificación. «El materialismo», dice Windelband-«ha encon­trado para los hombres de mediana cultura que quieren gozar de los resultados de la ciencia sin molestarse demasiado, su expre­sión más característica en las obras de Haeckel y en su llamado monismo». La obra se divide en cuatro partes.

La primera afirma la posibilidad de solución de los siete Enigmas del Mundo. A partir de éstos, por medio del concepto de sustancia, se pueden resolver los problemas que se refieren a la esencia de la materia y de la fuerza, el ori­gen del movimiento, el origen de las sensa­ciones sencillas y de la conciencia; me­diante la moderna doctrina de la evolución, los problemas del origen antes de la vida, de la aparente teleología de la naturaleza, del pensamiento racional y del lenguaje, mientras el séptimo, el de la libertad, es de­clarado insubsistente: único problema ver­daderamente insoluble es el de la Sustancia.

En esta primera parte se afirma además la fundamental unidad de las especies natu­rales y en particular la descendencia del hombre del mono. La segunda parte, psico­lógica, concluye rechazando la fe en la in­mortalidad del alma. La tercera parte es cosmológica y, partiendo de los conceptos de sustancia y de desarrollo, afirma la uni­dad de la naturaleza e ilumina las rela­ciones entre Dios y el Mundo. En la última parte, teológica, el autor, después de haber afirmado los derechos de la libre ciencia contra el cristianismo, predica la religión monista y propone la moral monista. Aun hoy el libro sigue siendo un documento de la cultura de muchos lectores de finales del siglo pasado y en el primer decenio de éste, por su fe absoluta en el progreso cien­tífico y por su ciego anticlericalismo.

M. Merlini

En la parte científica es una enciclopedia de vulgarizaciones que no dicen nada nuevo y en la filosófica es de una vulgaridad enor­me. Cuando habla de religión lo hace con una gran ignorancia y con la ruda simpli­cidad de los Büchner y compañía. (Unamuno)