Los Contemporáneos, Jules Lemaitre

[Les contemporains]. Estudios y retratos literarios de Jules Lemaitre (1853-1914), aparecidos pri­mero en varias revistas y reunidos más tarde en ocho volúmenes (serie I-VII: 1885- 1889; serie VIII: 1918). Escritos ocasionales, que muchas veces, en el transcurso de los años, vuelven sobre el mismo tema, exami­nan la obra de los principales autores fran­ceses del siglo XIX, especialmente de los últimos decenios, sin trazar un cuadro de conjunto del período tratado, porque el au­tor comenzó la obra sin un plan prefijado y sin una completa visión histórica de los fenómenos literarios. También el valor de sus juicios sobre obras literarias en particu­lar es variable y dudoso, por la falta absolu­ta de conceptos filosóficos sobre el arte. Sólo a través de las críticas de sus contrarios, so­bre todo de Brunetiére, va el autor elabo­rando su pseudodoctrina de la «crítica im­presionista». El crítico, mudable él mismo, contempla un mundo mudable: sólo puede por eso expresar las razones de su sensibili­dad momentánea sobre la obra de arte; la norma más sólida de sus juicios se apoya sobre la suma de sus experiencias personales y su autoridad está en proporción con su capacidad para hacerse intérprete de las de­más sensibilidades semejantes a la suya.

Esta capacidad, prescindiendo de la teoría artificiosamente sobrepuesta a su obra, hay que reconocerla realmente en Lamaitre. Sus ensayos, considerados individualmente, son la expresión de un espíritu fresco, sensible, guiado por el buen sentido y por un respeto a la tradición, que no excluye la simpatía por los valores jóvenes. Lector inteligente e imaginativo, nos hace partícipes de su ale­gría en los análisis de sus autores predi­lectos, de Lamartine, al que «siente» como al más grande de los poetas, de Flaubert, de Sully-Proudhomme, intérprete perfecto de las tristezas y de las aspiraciones del espí­ritu moderno, de Guy de Maupassant, de Ernest Renán, de Anatole France, extremo resultado de todo el trabajo intelectual de su siglo, de Alphonse Daudet, de Pierre Loti. Unas veces rectifica juicios corrientes, definiendo, por ejemplo, a Zola como poeta épico, otras levanta mesuradas protestas contra la extranjerofilia, contraponiendo George Sand a George Eliot, Dumas hijo a Ibsen, Hugo y Flaubert a los románticos rusos. El estilo es límpido y vivo, un poco acerado por el garboso uso de la ironía, que unas veces apunta con violencia hacia la retórica superficialidad de Georges Ohnet o hacia el histrionismo de Barbey d’Aurevilly, otras veces lanza ágiles pullas contra el virtuosismo de Coppée, contra la verbo­sidad de Víctor Hugo, contra el funambulismo de Théodore de Banville, la ortodoxia moral de Octave Feuillet, las contradicciones de Rochefort o el misticismo de Bourget.

E. C. Valla