Los Códices Forster del «Victoria and Albert Museum», Leonardo da Vinci

Con obras de Leonardo da Vinci (1452-1519), fueron editados al cui­dado de la Comisión Vinciana en la serie menor de los Manuscritos y Dibujos. Los tres pequeños códices han sido publicados en cinco volúmenes, de los cuales el prime­ro, editado por Danesi, y los demás, por la «Librería dello Stato» (1930-36). Estos códi­ces están reproducidos en fototipia y en la transcripción crítica, pero no en la transcripción diplomática. La transcripción crítica contiene como de costumbre las figuras vuel­tas a dibujar. El primer volumen contiene las fototipias y la transcripción del primer códice (fol. 3 anverso-fol. 55 anverso; este último en blanco); el segundo contiene la primera parte del códice Forster II (fol. 1 anverso-fol. 63 reverso); el tercero los fo­lios restantes del códice II (fol. 64 anverso- fol. 159 reverso, a los que siguen una página con un sello, y una con una nota del si­glo XVIII, borrada, la cual dice: «N. B. Haec scriptura inversa et in speculo legenda est»); el volumen cuarto contiene el tercer codicilo (fol. 1 anverso-fol. 88 reverso, más una página en que está escrito y no de mano de Leonardo: «di Leonardo da Vinci», y una página con un sello). El volumen quinto contiene el prefacio de Enrico Carusi, quien también ha transcrito los manuscritos; el índice de los nombres y de las materias, compilado para el códice I por R. Marcolongo, para los otros dos, por Carusi y Mario Pelaez; un glosario compilado por Peláez; adiciones y correcciones; la serie de las va­rias numeraciones de los folios en los códices Forster y la tabla de concordancia entre los folios Forster y los pasajes de los pequeños códices publicados por Richter. Como resul­ta del cuidadoso prefacio de Carusi, los códices Forster entraron en el Museo Vic­toria y Alberto de Londres, antes South Kensington Museum, en 1876, por donativo de John Forster, el cual los había heredado del conde E. Lytton.

No se conoce bien cómo y dónde los había adquirido Lytton. La nu­meración de los folios aceptada por la Co­misión es moderna y se remonta a unos cin­cuenta años atrás. Los códices pequeños es­tán incompletos y mal encuadernados, salvo el II, que está intacto y lleva la numeración de Leonardo. Algunas páginas de este últi­mo, advierte Carusi, «llevan el sello de una gran elegancia y buen gusto bibliográfico; preciso y uniforme el carácter de la escri­tura, con márgenes convenientes y con figu­ras puestas en lugar oportuno, de manera que al mirar aquellas pequeñas hojas se experimenta una sensación de goce artís­tico, y se piensa que su copia no ha sido improvisada». En cuanto a la cronología de estos códices, se puede pensar con Carusi que la segunda parte del códice I, esto es, los folios 41-54, se remonta a los años 1487- 1490; el códice III, a los períodos 1487-1490 y 1493-1496; el códice II al 1495-1497; los primeros cuarenta folios del códice 1 al año 1505. Los códices Forster figuraban antes de la publicación italiana, entre los menos estudiados de Leonardo. Son importantes ora desde el punto de vista científico y técnico, ora del artístico y literario, y también del moral. Las investigaciones científicas más notables son las relativas a las transforma­ciones de los sólidos en otros equivalentes. Estas investigaciones que han sido analiza­das y completadas por Marcolongo en sus Estudios vincianos (v.) constituyen un raro ejemplo de la «obra ordenada» a que Leo­nardo aspiraba o se imaginaba aspirar. No­tables son algunas investigaciones de hidráu­lica y acerca de los centros de gravedad, la balanza, las bombardas; algunas anticipa­ciones (de detalle) sobre el principio de los trabajos virtuales; su decidida y con­cienzuda hostilidad al movimiento perpetuo, que él pone justamente junto a la piedra filosofal: «¡Oh especuladores del movimien­to continuo! — dice en el folio 92 reverso del códice II —. ¡Cuántos vanos designios en semejante busca habéis creado! Acom­pañaos con los buscadores de oro».

Son cé­lebres en el códice II los apuntes para la Cena: «Cristo, el joven conde aquel del car­denal del Mortaro Giovannina, rostro fan­tástico; está en Santa Caterina, en el Hos­pital» (fol. 3 anverso). «Alessandro Carissimo da Parma para la mano de Cristo» (folio 6 anverso). «Uno que bebe y deja la copa en su sitio y vuelve la cabeza hacia el anfitrión. Otro tiene juntos los dedos de sus manos, y con rígidas cejas se vuelve hacia su compañero. El otro con las manos abiertas muestra las palmas de éstas y alza las espaldas hacia las orejas y pone la boca con gesto de maravilla. Otro habla al oído de su vecino y el que le escucha se tuerce hacia él y aproxima la oreja, te­niendo un cuchillo en una mano y en la otra el pan medio partido con aquel cuchillo. El otro, al volverse teniendo su cuchillo en la mano, vuelca con esta mano una copa sobre la mesa. El otro pone las manos sobre la mesa y mira. El otro sopla un bocado. El otro se inclina para ver al anfitrión y se hace sombra a los ojos con la mano. El otro se echa hacia atrás del que se inclina y ve al anfitrión entre la pared y el inclinado» (folio 67 reverso, fol. 63 anverso). Son no­taciones que podríamos llamar expresio­nistas. Ninguna alusión a líneas, a formas, a colores. Estas notas confirman que los per­sonajes del cenáculo vinciano son «retratos del natural», aunque no se puede afirmar decididamente con el secretario del cardenal de Aragón, que todos fuesen personas de la corte de Sforza y milaneses de aquel tiempo, de carne y hueso. Los códices Fors­ter contienen puras fábulas, bromas, profe­cías, anotaciones, comentarios; entre los más interesantes figura la máxima (folio 66 v.): «Triste es el discípulo que no adelanta a su maestro».

S. Timpanaro