Códice Leicester, Leonardo da Vinci

Códice de Leonardo da Vinci (1452-1519) de la Biblioteca de Lord Leicester en Holkham Hall, publicado bajo los auspicios del Instituto Lombardo de Ciencias y Letras (Premio Tomasoni), por Gerolamo Calvi (Milán, 1909). En folio, de XXXIII-243, con 72 planchas en foto­tipia. Además de la dedicatoria «carae coniugi», la introducción (pp. V-XXXIII) y las planchas (fol. 1 anverso, fol. 36 reverso), el volumen contiene la transcripción del Códice Leicester 699 (pp. 1-181), en cada página de la cual está, arriba, la transcrip­ción diplomática, y abajo la crítica, las dos sin figuras pero con envíos a las figuras. Hay además de las notas diplomáticas (pp. 183- 201), advertencias críticas (pp. 202-204) y un cuidadosísimo índice analítico (pp. 205- 242). La página 243 es de adiciones y correc­ciones. Con toda probabilidad Thomas Coke que fue más tarde Lord Leicester, adquirió el Códice de manos del propietario, el pin­tor Giuseppe Ghezzi, en una de sus estan­cias en Italia, que se sucedieron desde 1713 hasta 1717. Del Códice se conocen tres co­pias antiguas, una de las cuales pasó de la Biblioteca de Baldassare Boncompagni a la de Mario Cermenati, en Roma. En el folio 9 anverso, Leonardo habla de fósiles de las montañas de Parma, de los cuales, cuando hacía el gran caballo de Milán, le trajeron un gran saco unos campesinos.

Según pare­ce, desde la época de la interrupción de la estatua ecuestre a Francesco Sforza (ha­cia 1499) hasta el momento en que escribe, han pasado algunos años, de manera que Calvi supone que el Códice, en gran parte por lo menos, fue compuesto con toda pro­babilidad en Florencia, en el período 1504-1506, y más probablemente todavía, en 1505- 1506, sin excluir decididamente que pueda haber sido comenzado en el período 1507- 1508. Richter había supuesto que el Códice pertenecía al período 1500-1516, con un in­terrogante a favor de 1510. El Códice es de los más importantes de Leonardo, desde el punto de vista científico, y uno de los más orgánicos, aunque también está constituido por pensamientos diversos. A pesar de con­tener importantes ideas acerca del movi­miento de las aguas, parece que esto haya pasado inadvertido al compilador del tratado acerca del movimiento y la medida de las aguas, Luigi Maria Arconati. Particularmente importantes son las ideas geológicas del có­dice; pero son muy notables las observacio­nes acerca de óptica física y de cosmografía. Las observaciones de óptica física son las más bellas que se hayan hecho en el Rena­cimiento. Baste decir que con sus observa­ciones acerca del azul del cielo Leonardo se adelantó a Lord Rayleigh (entiéndase, como era posible entonces) y con sus obser­vaciones en campo oscuro se anticipó a la técnica empleada después en el ultramicros­copio. En el Códice Leicester, Leonardo da una interpretación de los fósiles que está de acuerdo con la geología moderna. Natural­mente, excluye que los fósiles sean «juegos de la naturaleza»; Leonardo se daba cuenta de los grandes cambios experimentados por la tierra, especialmente gracias a la acción de las aguas corrientes, y comprendió que los restos de plantas o animales marinos que se hallan sepultados en las capas de los  montes demuestran que donde ahora está el monte debió estar en un tiempo el mar.

En el Códice Leicester, Leonardo sostiene que la luna está, como la tierra, dotada de sus elementos, esto es, de agua, aire y fue­go, y por eso se sostiene en su espacio, como nuestra tierra, con sus propios elementos, en este otro espacio. En otros términos: que según Leonardo, sobre la luna, sobre la tie­rra y sobre los demás cuerpos celestes, los elementos están juntos y en orden por efecto de su diverso peso específico; pero que todo astro tiende a permanecer en su propio espacio. Hay aquí, tal vez, una os­cura exigencia de la gravitación universal.

S. Timpanaro