Las Verrinas, M. Tulio Cicerón

[Verrinae-orationes]. Este título agrupa siete de los Discursos (v.) de M. Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) pronunciados o escritos contra Verres, cruel y rapaz gobernador de Sicilia. El primero es la Instrucción contra Quinto Cecilio [Divinatio in Q. Caecilium], un falso acusador, con el cual Verres esperaba eliminar a Cicerón del proceso.

Pero éste desenmas­cara la insidia y reivindica para sí el dere­cho de defender a los sicilianos. Obtenido el derecho de sostener la acusación, en 110 días va a Sicilia, recoge el material nece­sario y pronuncia La primera actuación contra Verres [Actio prima in Verrem]; bastó con los términos de la acusación para que Verres huyese al destierro y sus pro­tectores desistieran de su defensa. Pero no por eso Cicerón renunció a publicar sus documentos contra Verres, que, no pudién­dolos ya exponer de viva voz, ordenó con su segunda actuación [Actio secunda] en cinco discursos: en la primera, Verres pre­tor en Roma [De praetura urbana] dio a conocer los tristes comienzos de la carrera política del acusado; en la segunda, Verres pretor en Sicilia [De praetura Siciliensi]y describe el mal gobierno de Verres en la isla; en la tercera, el Discurso sobre el trigo [Oratio frumentaria], revela el modo como el pretor administró los tributos de cerea­les; en la cuarta, Las estatuas [De signis], deplora las rapiñas de obras de arte; en la quinta, Los suplicios [De supplicio], acusa a Verres de haber sometido a tormentos crueles hasta a ciudadanos romanos.

Estilís­ticamente, Las Verrinas no alcanzan la per­fección de las obras de madurez, porque algo enfático y académico perjudica con su monotonía a la prosa. Históricamente, en cambio, son muy importantes, porque ilus­tran acerca del gobierno romano en las provincias y nos dan (en el De signis) noticias arqueológicas preciosísimas. Verres personifica todo un sistema político que se formó en decenios de imperialismo despó­tico, sostenido por la clase aristocrática, la cual, precisamente por ser demasiado servil a las ideas de Sila, había de contar a Cice­rón entre sus contrarios.

F. Della Corte

Cicerón tuvo un imperio: el de la pa­labra, y fue y es el sumo maestro del arte del decir para cuantos en ese arte necesitan buscar fuera de sí lecciones y ejemplos. (C. Marchesi)