Las Emociones y la Voluntad, Alexander Bain

[The Emotions and the Will]. Obra del filó­sofo inglés pu­blicada en Londres en 1859. Bain se siente estrechamente unido al asociacionismo in­glés, como indica su obra anterior: Los sen­tidos y el intelecto [The Senses and the Intellect, 1855], donde, sin variar los mo­tivos fundamentales de la escuela, sigue con análisis más atento el procedimiento de asociación y generalización conceptual de los datos sensibles, introduciendo en él el motivo de las reacciones biológicas como determinantes, tanto de la fijación de los datos, como de sus relaciones asociativas. Pero este motivo asume en la obra presente una importancia y un sentido nuevos, como el reconocimiento de un principio de acti­vidad que acompaña generalmente a la con­ciencia y reacciona contra las modificacio­nes que la misma recibe del mundo exterior. Se trata de un principio indeterminado que se diferencia y se especifica según los sen­tidos y los órganos puestos en acción, y según sus funciones.

A ello se debe, por una parte, la fe en la realidad exterior que acompaña y determina nuestra conciencia y el surgir complejo del mundo de las emociones que expresan esta participación directa de la persona y se desarrollan de un modo distinto entre los polos extremos del dolor y del placer. Las emociones, al igual que nacen de la actividad originaria, de la misma manera la determinan y la acom­pañan, originando la acción refleja e ins­tintiva. Frente a ésta, se halla la acción voluntaria que surge también sobre la base de los sentimientos de placer y de dolor, pero que va junto a la conciencia de rela­ciones constantes entre los fenómenos, y entre los fenómenos y nuestras emociones, y a la previsión que sólo la asociación y el empleo abstracto del intelecto nos puede proporcionar. En este momento de raciona­lidad, en la conciencia intelectiva que la acompaña, reside el carácter distintivo de la acción voluntaria, su libertad y su uni­versalidad frente a la necesidad y a la par­ticularidad de la acción instintiva, la con­ciencia de una discusión y de una elección que en ella va implícita.

Junto a estos dos tipos de acciones hay un tercer tipo que se encuentra en el medio. Se trata de una acción determinada no por un instinto, ni por una conciencia intelectivamente discur­siva, sino por una «idea fija» que expresa al mismo tiempo una experiencia y un gru­po de emociones constantes y generales, propias de la vida humana en cuanto tal. Ella es, al mismo tiempo, idea y senti­miento, espontaneidad que llega a ser idea­lidad, vida concreta que llega a ser prin­cipio universal y por lo tanto cierta y activa. Tal es la idea de la simpatía que Bain eleva a principio de la moral en el escrito: Ciencia mental y moral [Mental and Moral Science, 1868].

A. Banfi