Las dos fuentes de la moral y de la religión, Henri Bergson

[Les deux sources de la morale et de la réligion]. Obra filosó­fica del francés, publicada en 1932. En esta obra, que es la última del autor, y que sigue, a distancia de varios años, a La evolución creadora (v.), el autor intenta poner en claro su posición respecto al problema ético-religio­so. La solución de Bergson es en cierto modo mística: en resumen, viene a decir que ha comprendido que si «la intuición apoyada por la ciencia es susceptible de desarrollarse, puede serlo solamente por medio de la intuición mística»; así la moral y la religión si bien nacen por una parte de las obli­gaciones creadas por la convivencia social, tienen también sus raíces en un impulso íntimo que pone al alma en contacto con el esfuerzo creador, el cual se acerca a Dios y es de Dios. Este impulso, paralelo al im­pulso vital, se desarrolla con toda su fuerza en hombres privilegiados, los santos y los héroes, que imprimen luego este movimien­to ascensional a toda la humanidad, des­arrollando sus formas de vida y dirigiendo su evolución hacia la divinidad.

Por otra parte, toda la creación es obra de amor, originada por la necesidad de Dios de plasmar criaturas que correspondiesen a su inmenso amor divino con el suyo: la cria­tura se diferencia de su creador tan sólo en su envoltura material que representa, en la creación, el aspecto opuesto y com­plementario del impulso vital. El universo se ha producido únicamente para dar aco­gida a estos seres, llamados a la existencia para amar y ser amados: la especie ha sur­gido solamente para asegurar la reproduc­ción y la organización a estos seres. Pero la especie humana que constituye la razón de ser de todas las demás, no llegaría jamás a ser completamente ella misma si los mís­ticos en virtud de un impulso íntimo, para­lelo a la corriente de la vida, no hubiesen sabido librarse de la materialidad para al­canzar a Dios.

Estos han abierto nuevos caminos a la humanidad e indicado al filó­sofo el secreto y la razón de la vida. Se no­tan en esta obra reminiscencias de las más antiguas fuentes cristianas (San Pablo y San Agustín) y por otra parte una influen­cia nietzscheana, en el sentido de una aris­tocracia del espíritu que infunde carácter a la historia, pese a que la calidad de esta aristocracia sea concebida por Bergson des­de un punto de vista diametralmente opues­to al del filósofo alemán. Sin embargo, el tono dogmático que en conjunto se des­prende de Dos fuentes y que es debido a la impostación mística del problema, men­guan su valor metafísico.

G. Alliney

Como Platón, Bergson libera a la filosofía de la servidumbre del vocabulario. (Chevalier)