La Vida de la Razón, George Santayana

[The life of Reason or the Phases of Human Progress]. Obra del filósofo norteamericano de origen español George Santayana (1863-1953), pu­blicada en 1905-06 en cinco volúmenes. El objeto de esta obra monumental, enlazada con la tradición clasicohumanista, consiste en rastrear la gradual evolución del hombre desde un estado de conocimiento vegeta­tivo a la vida racional.

Una primera forma rudimentaria de razón — la del «sentido co­mún» — surgió cuando, en lejanos tiempos prehistóricos, se sintió la necesidad, para el continuo| perfeccionamiento de la estruc­tura del cuerpo, de una mente que vigilase sus necesidades y la asistiera en la lucha por su conservación. Al reflexionar acerca de ciertos impulsos animales, ésta se esforzó a su vez por promover y prolongar el pla­cer y el bienestar y evitar el sufrimiento. Después, por medio de un ulterior desarro­llo, comenzó a distinguir, como separados de sí misma, objetos naturales que fueron cada vez más unificados en un mundo exte­rior; el dominio de la mente humana se fue de este modo extendiendo y con el refor­zarse y dilatarse de la facultad racional que se había convertido ya en «razón en la so­ciedad», el mito comenzó a ceder gradual­mente su lugar a una investigación positiva. En este mundo comienzan a imponerse al hombre ya evolucionado las primeras nece­sidades del espíritu, que adquieren forma más compleja y circunscrita en la religión, en el arte, que señala el momento exube­rante de la evolución del espíritu — deseoso ya de exteriorizarse y realizarse —, y en la ciencia, la mayor entre las conquistas de la razón humana.

El espíritu viene a ser de este modo una entelequia del cuerpo, un valor que se añade cuando ha alcanzado cierta perfección: «así mientras el cuerpo nutre la mente, el espíritu protege el cuer­po, elevándolo con todos sus impulsos y relaciones naturales al mundo moral, a la esfera de los intereses y de los ideales». Esta relación recíproca entre mente y mate­ria es una de las concepciones más precia­das por Santayana, y aparece constantemen­te por todas sus obras: de aquí el origen de su posición aparentemente paradójica de filósofo materialista e idealista a un mismo tiempo, posición que se puede explicar úni­camente si se tienen presentes los tres pun­tos de vista que él adopta gradualmente al abordar los diversos problemas de moral, de arte, de literatura, de metafísica: su aten­ción materialista al origen de todas las co­sas, y su atención pragmática a los efectos que de las Cosas derivan — viva en Santa­yana por haberse educado en la escuela de James — y, finalmente, su atención platónica a las verdades y los valores definitivos que alcanzan las cosas, particularmente predi­lecta del poeta por su íntima correspon­dencia con sus necesidades espirituales. Esa conclusión platónica no está aquí en con­tradicción con las premisas, porque es el último peldaño de una escala ideal que con­duce al hombre a la contemplación de todo lo que es humano y terreno.

El más notable entre los volúmenes de la Vida de la razón es el que trata de la razón en el arte; su material es, en efecto, más familiar a San­tayana, quien lo había ya elaborado, aunque en forma menos madura, en el Sentido de la Belleza (v.). El nacimiento del arte es, como el de la razón, espontáneo; los valores que alcanza el arte, en definitiva, no pueden en modo alguno explicar la razón de su origen. Este punto de vista, que, por lo de­más. es normal en Santayana, tiende a dar al advenimiento del arte, como también al de la razón, un carácter accidental y mila­groso. El elemento esencialmente mecánico de la habilidad del artista hace que nunca desaparezcan completamente la incertidumbre y la falta de dirección. La creación ar­tística perfecta no ha sido, por lo tanto, realizada todavía y no lo podrá ser hasta que se consiga el equilibrio recíproco entre los extremos que comprenden el arte: la poesía puramente espontánea por una parte y la utilidad absoluta por otra.

Con esta concepción Santayana intentaba liberar el arte del preciosismo exangüe para conver­tirlo en una parte más íntimamente orgánica en el complejo desenvolvimiento de la vida. Se ha dicho que también en la Vida de la razón el pensamiento de Santayana no sigue una unidad lógica. Y, sin embargo, una uni­dad, aunque tenue, existe, pero no es inves­tigada en el campo filosófico ante un rígido tribunal racional, sino en el campo poético, donde todo problema halla para Santayana su natural solución en la contemplación de la belleza, en el himno a la sublime armo­nía de lo creado.

B. Schick

Como filósofo no nos ha dado nada… San­tayana es un gran escritor y un gran mora­lista. Que sea como Nietzsche, desdeñoso por ignorancia, y más poeta que filósofo, es cosa que habla completamente en su favor, puesto que la dialéctica no es más que la racionalización de la intuición, y mientras la demostración es caduca, la intuición per­manece. (L. Lewisohn)