Vida del Alegre Maestrito Maria Wuz en Auenthal, Jean Paul

[Leben des vergnügten Schulmeisterleins Maria Wuz in Auenthal, Eine Arte Idylle]. Narración de Jean Paul (Jean Paul Richter, 1763-1825), com­puesta en 1790, en sólo diez días en las horas que el trabajo de maestro le dejaba libre. El subtítulo de la obra dado por el propio autor es: «Una especie de idilio».

Pero a diferencia de los idilios pastoriles, con ten­dencia a la imitación de los antiguos, que predominaba en aquel tiempo, el maestro es el primer ejemplo de una representación realista y subjetiva de un lado del mundo en que vivimos. Perteneciente a una familia que desde algunas generaciones había pro­porcionado los diversos maestros de Auenthal, el pequeño Wuz muestra ya desde su primera juventud la tendencia a regocijarse ante cualquier acontecimiento, aunque no sea alegre, de su vida diaria. «Antes de levantarme me alegro con el pensamiento del almuerzo, durante toda la mañana con el de la comida, y por la tarde con el de la cena». Otro expediente que pone en prác­tica para ejercitarse en el arte de estar siempre contento, consiste en enamorarse. Conoce a Isabel en la escuela de su padre, improvisada como salón de baile, pero no le confiesa su amor a la muchacha.

La his­toria de aquellos días inolvidables la reco­gerá en su libro titulado Las alegrías de Werther, contraponiéndolas a Las cuitas del joven Werther (v.). Cuando por fin, más tarde, después de haber asumido su cargo como maestro en su pueblecito, puede ca­sarse con la muchacha, su alegría es com­pleta; y jamás ninguna cosa exterior podrá turbar su ánimo, porque «su mundo exte­rior y su mundo interior se ajustaban como dos valvas de ostra, y lo encerraban, como éstas al molusco». Así transcurre su vida y muere en un día sereno tal como había deseado, mientras en su cama reposan los recuerdos de su infancia. En esta narra­ción, que es quizás su obra maestra, se muestra la importancia que Jean Paul con­cede a la alegría, la cual para él no sólo es el móvil fundamental de la naturaleza humana, sino un importante elemento ético y educativo.

Jean Paul quiso mostrar a los hombres que no se debe esperar la reali­zación de una alegría única que haya de descender inesperadamente a iluminar nues­tra existencia, sino que somos nosotros los que debemos hacer de la vida una sucesión de pequeñas alegrías, y hallar así en esta tierra nuestro cielo, antes de alcanzar el del más allá.

M. Mazzoleni