La Sanguinaria Doctrina de la Persecución por Motivos de Conciencia, Roger Williams

[The bloody Tenet of Persecution for Cause of Conscience]. Es el más famoso de los escritos en defensa de la libertad religiosa, del ministro y predicador liberal Roger Williams (16049-1683), inglés de na­cimiento, pero que en su juventud emigró a las colonias inglesas de América. Fue pu­blicado en Londres en 1644. Después de ha­ber sostenido valerosamente la ilegalidad de la usurpación de las tierras de los indios, con igual intrepidez sostiene aquí la impiedad de cualquier persecución por moti­vos religiosos.

La tesis quizá no había sido defendida nunca con tanto vigor y tanta elocuencia. Comienza con la exposición de la radical teoría de la plena y absoluta libertad religiosa. Es voluntad y mandato de Dios, desde el advenimiento de su Hijo Jesús, que la facultad de señorear la pro­pia conciencia y de profesar un culto sea reconocida a todos los hombres, en todas las tierras y naciones, y que éstos no sean combatidos con otras armas que con la palabra del Espíritu divino. Williams hizo bien en alejarse de Inglaterra antes de la publicación del libro, que un mes después fue quemado públicamente por mano del verdugo. Siguió a esto una viva polémica entre Cotton, que había publicado un es­crito, La doctrina sanguinaria purificada y hecha cándida por la sangre del Cordero Divino, y Williams, que replicó con el suyo: La doctrina sanguinaria, convertida en más sanguinaria todavía por la tentativa de Cotton para hacerla cándida, etc. (1652); seguido del opúsculo en el que propugna la abolición de toda Iglesia del Estado, y de los ministros asalariados con dinero pú­blico: El Ministerio mercenario nada tiene que ver con Cristo; o bien, Discurso sobre la Propagación del Evangelio de Jesucristo (Londres, 1652).

Haciendo seguir a las po­lémicas los hechos, Williams, gobernador del estado de Rhode Island, dio hospita­lidad y protegió a los cuáqueros persegui­dos en el estado colindante de Massachussetts, a pesar de que aborrecía tanto sus doctrinas y de que invitó a su fundador, Fox, a una controversia pública en la que tuvo como contradictores a tres de sus se­guidores.

G. Pioli