Poema heroico en octavas reales y en veinticuatro cantos, del poeta de Nueva Granada, Hernando Domínguez Camargo (m. en 1656), publicado en Madrid en 1666. Domínguez Camargo, sacerdote, comisario del Santo Oficio en la ciudad de Tunja, fue Un gongorino entusiasta y no exento de ingenio, dotado de excelentes recursos de versificador. En cierto modo, es figura representativa del barroco literario en la América española, cuya extensión sólo es comparable a la del barroco de las artes plásticas.
La valoración de este poeta ha sufrido las peripecias bien conocidas del juicio de la posteridad sobre el espíritu y forma del barroco. Si su editor del siglo XVII llama a Hernández Camargo nada menos que «refulgente Apolo de las más floridas musas de todo este Nuevo Orbe», Menéndez Pelayo, que no fue muy piadoso con el culteranismo, dice de este poema sobre San Ignacio que es «uno de los más tenebrosos abortos del gongorismo, sin ningún rasgo de ingenio que haga tolerables sus aberraciones». No difiere mucho el juicio del ilustre crítico colombiano don Antonio Gómez Res- trepo, quien, aunque encuentra en la obra «versos sonoros, octavas muy bien cortadas, rimas ricas», lamenta «el esfuerzo cerebral que presupone el escribir una obra extensa en que nada está dicho en forma natural y corriente». Gerardo Diego dice, sin embargo, que «penetrando en los laberintos del poema, nos hallamos en recodos de encanto y de poesía, cuando no de peregrina belleza». El asunto de la obra es la vida de San Ignacio hasta su viaje a Roma con ánimo de fundar la Compañía de Jesús.
J. Prat García

