La República de Oceana, James Harrington

[The Commonwealth of Oceana]. Este libro, que recuerda la Utopía (v.) de S. Thomas Moro, la Nueva Atlántida (v.) de Francis Bacon y la Ciudad del Sol (v.) de Tommaso Campanella, es obra del teórico político in­glés James Harrington (1611-1677), que lo publicó en 1656.

Oceana es Inglaterra, que recibe una Constitución perfecta del legis­lador Olphaus Megaletor, bajo cuyo nom­bre el autor intentaba bosquejar la figura de Cromwell. Los elementos de esta Consti­tución a menudo están elaborados hasta en sus mínimos detalles: incluso se indican los estipendios de los diversos empleados es­tatales. Pero las ideas fundamentales son dos: la primera, que el elemento determi­nante del poder político en un Estado es la propiedad en general, y la de la tierra en particular; la segunda, más bien corolario de la primera, es que se hace precisa una repartición estable de la propiedad de la tierra (en parcelas que den como máximo un rendimiento de tres mil libras esterlinas al año), para evitar el predominio de un solo individuo (tiranía) o de una sola clase (oligarquía) o de una masa desordenada de gente inquieta por no estar ligada a la tierra (anarquía). Para asegurarse mayor­mente contra estos peligros, Harrington pro­pone que su república ideal esté gobernada por un Senado, elegido por sufragio di­recto, del que un tercio de los miembros, por turno, se renueve cada año, prohibien­do a los miembros salientes ser reelegidos antes del término de tres años.

Para el mo­delo de este senado, Harrington se ins­piró en el de Venecia, donde había vivido bastante tiempo, saturándose de principios republicanos. «El gran consejo de Venecia — exclama entusiasmado —, como la estatua del Nilo, se apoya en una urna o ánfora, con lo que se purifica el Senado en una corriente tan pura y perenne que nunca puede agotarse, por lo que este consejo nunca podrá corromperse».

El libro, divi­dido en cuatro partes («Preliminares, en los que se indican los principios de gobier­no»; «El consejo de los legisladores, en la que se muestra el arte de constituir una república»; «El modelo de la república de Oceana, donde se muestran los resultados de tal arte»; «El corolario, en el que se muestran algunas consecuencias de tal go­bierno»), es una mezcla de principios ge­nerales, de máximas, de descripciones de ceremonias del futuro Estado, incluso de discursos que deberá pronunciar el arconte (el jefe del Estado)’, de proclamas, de pre­supuestos : todo ello condimentado con abun­dantes citas, tomadas especialmente de los autores clásicos o de Maquiavelo.

No faltan profundas observaciones políticas, y a ve­ces también felices sugerencias: pero el ca­rácter general es demasiado utópico. Las ideas del autor, sobre todo, estaban dema­siado lejanas del alma de Inglaterra, ya inclinada entonces, especialmente después del Acta de Navegación de Cromwell, cin­co años anterior a la publicación de Ocea­na, al comercio y a la industria, más que a la agricultura. Por eso el libro, después de una estampación accidentada (fue reco­gido de la imprenta por orden de Crom­well, y sólo por intercesión de la hija pre­dilecta de éste, Mrs. Claypole, pudo apa­recer algunos meses después, con una am­plia dedicatoria al propio Cromwell), y des­pués de haber sido vivamente combatido, primero por los republicanos y después por los realistas (los cuales, a la vuelta de los Estuardos al trono inglés, lograron ence­rrar a su autor en la Torre de Londres), sus ideas políticas comenzaron a hundirse poco a poco en el muelle olvido de las ideas pa­sadas.

A. M. Dell´Oro