La Peste de Londres, Daniel De Foe

[A Journal of the Plague Year: Diario del año de la peste]. Libro pseudodocumental de Daniel De Foe (1659-1731), aparecido en Londres en 1722, con el siguiente subtítulo sumario, según el uso del tiempo: «conteniendo ob­servaciones y testimonios sobre los aconte­cimientos más notables, públicos y privados, que tuvieron lugar en Londres durante la última gran epidemia del año 1665; escrito por un ciudadano que vivió durante todo ese tiempo en Londres, y hasta ahora iné­dito».

Daniel De Foe, que no era un artista desinteresado, escribió esta obra, como las otras suyas, movido por razones económicas. Dotado de un sentido mercantil bastante vivo (y muy lejos de sí el pensamiento de trabajar para la inmortalidad) buscaba temas que, debido a circunstancias ocasio­nales, se pusieran fácilmente en boga. Como en 1721 hiciera la peste su aparición en  Europa, devastando la población de Pro- venza, el tema volvía a ser de actualidad. Vivían todavía en Londres algunos ancianos supervivientes de la gran peste que medio siglo antes asolara la ciudad: la «peste de Londres», la peste de 1665; en aquella época De Foe era un niño de cinco o seis años. Escribió, pues, en primera persona, con su acostumbrado sistema de falsas memorias: basándose en testimonios orales recogidos de boca de algún viejo, en documentos de los archivos de la ciudad y, sobre todo, en su prodigioso talento de escritor realista.

En una época de literatura galante y de ocio ornamental, la voz ruda, el estilo recio y pesado, la implacable objetividad y la seriedad bíblica de De Foe tuvieron por la ley del contraste un gran éxito. «Nada de romanticismos, ni de contorsiones en lo ho­rrible: un narrar claro, objetivo; una tran­quilidad a menudo aterradora y, como de costumbre, sin hacer gala de color dar el color más intenso» (E. Cecchi). La peste de Londres es un diario puntual y recio, llevado por un sillero, de la calamidad que se abatió sobre la gran ciudad; nuevo Robinson, aislado en su casa por la pestilencia, como aquél en el Océano. El tono del diario es el de una sobria pero minuciosa autenti­cidad, corroborada por textos oficiales, dis­posiciones legislativas, estadísticas parro­quiales: como relación de un testigo verí­dico debió ser acogido, y lo fue, por los lectores.

«Los contemporáneos de De Foe — hace notar Dottin, su principal biógra­fo — no vieron en él más que un vulgar libro de actualidad». En efecto, la resu­rrección de las obras de De Foe, prescin­diendo de su célebre Robinson Crusoe (v.), es un hecho reciente y una conquista de la cultura contemporánea.

P. G. Conti